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El contexto ocupacional en la Argentina experimentó un retroceso pronunciado a lo largo del segundo trimestre de 2026, según los registros difundidos por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC).

Los indicadores oficiales confirman una suba en el índice de desempleo, el cual trepó hasta el 7,9%. Se trata de un porcentaje que no se registraba desde el período de pospandemia en 2021 y que representa a cerca de 1,8 millones de personas impedidas de acceder a un puesto de trabajo en todo el territorio nacional.

Más allá del volumen de personas desempleadas, las estadísticas exponen una degradación estructural dentro de las condiciones de contratación. La participación de los asalariados con derechos protegidos se contrajo al 54,9%, en contraposición al 56,6% informado un año atrás.

Esta pérdida de dinamismo en el empleo en regla derivó en una expansión directa de la economía informal, cuya tasa tocó el 45%. Este último guismo constituye la marca más alta de trabajo no registrado desde el inicio de la actual serie estadística en 2023, traduciéndose en más de diez millones de ciudadanos expuestos a esquemas laborales frágiles frente a doce millones y medio con cobertura formal.

Diversos analistas vinculan la acentuación de esta problemática con cambios en la composición de los ingresos y el auge del autoempleo. Desde el centro de estudios Fundar explicaron que la tracción del fenómeno informal encuentra una causa central en la proliferación del cuentapropismo, con un impacto marcadamente evidente en el segmento femenino.

Asimismo, diagnósticos del Instituto Argentina Grande advierten sobre la vulnerabilidad extrema que rodea a las actividades independientes, donde la falta de registración supera el 65%. Este panorama evidencia una dinámica mediante la cual los puestos estables y en regla son reemplazados de forma paulatina por alternativas de ocupación precaria y de baja protección social.