A sus 75 años, la vecina Norma Jara enfrenta una extrema situación de precariedad en su vivienda de la Casa 51 del barrio Progreso, en Cutral Co. Sola, con severos dolores físicos y sumida en una profunda crisis financiera a raíz de deudas bancarias, la mujer relata un escenario donde la falta de atención médica y el ahogo económico comprometen seriamente su subsistencia cotidiana.
La complicación financiera comenzó cuando intentó edificar para mejorar sus condiciones de habitabilidad. "Estoy pagando un préstamo en el banco que saqué para comprar unas cosas para hacer una pieza, donde el hijo, donde mi nieto o donde mi hija, pero después me dijeron que no siguiera", explicó la vecina sobre el origen de sus deudas. Tras frenar la obra, debió desprenderse de los insumos adquiridos: "Había comprado las cosas, las vendí para pagar las cuentas, pero ahora estoy pagando las cuotas del banco y no puedo sacar ni un peso del banco porque me están recortando todo de la tarjeta que había ocupado para comprar las cosas".
Su único haber mensual resulta totalmente insuficiente para cubrir el costo de vida básico tras las retenciones automáticas de la entidad bancaria. "Tengo una pensión de 459 mil pesos, ahora la aumentaron un poquito y eso ni bien entra al banco, me lo sacan porque me están descontando el préstamo", detalló respecto al recorte de sus ingresos pasivos.
A la asfixia económica se le suma un cuadro de salud complejo que requiere supervisión permanente, situación resentida tras la quita de cobertura de PAMI y las barreras para obtener atención en el sistema público. "Yo no me siento mal, si me faltan los remedios sí, porque me duele la cabeza y me da taquicardia, pero más el problema de la cadera y de la rodilla; yo les he dicho a las chicas que me vayan a sacar un turno para el médico. Son mis dos nietas, ellas trabajan", comentó en referencia a sus dolencias y los inconvenientes para acceder a la consulta con un especialista.
En ese sentido, remarcó las secuelas que arrastra producto de un accidente doméstico reciente en su hogar. "Me cricé la cadera cuando me caí y no me podía parar. Cuando usted llamó a la ambulancia estuve desde las 3 de la mañana hasta que me llevaron al hospital sentada en una silla y no me podía parar, pero bueno, tengo que resignarme", recordó sobre la demora en la asistencia. Asimismo, enfatizó el prolongado tiempo que lleva sin controles: "Me atiendo en el hospital y hace más de dos meses que no voy. Estoy necesitando medicación y atención médica. Me duele muchísimo la cadera y la rodilla, en la noche no puedo dormir. Ahora no tenemos PAMI".
La cotidianeidad de Norma transcurre en la soledad de su casa, asistida puntualmente por su nieto para los trámites indispensables. "El único que me ayuda cuando yo necesito, que me vaya a pagar o sacar dinero es mi nieto Nicolás. Yo acá estoy sola y se me hace difícil todo, porque por ahí puedo caminar y por ahí no puedo", dijo entre llantos al repasar las barreras que enfrenta para valerse por sí misma.
Nacida en el interior neuquino, la historia de vida de la pobladora está marcada por el trabajo desde la juventud y recientes e imborrables pérdidas familiares. "Yo tengo 75 años, yo nací en Covunco, me vine para acá a los 14 años, empecé a trabajar de sirvienta, después conocí a mi compañero y me casé, 54 años estuvimos juntos. Hace 4 años y medio que falleció", rememoró sobre su trayectoria. A ese duelo se sumó el de su hijo: "Después falleció mi hijito que me venía a ver, me estaba haciendo una casa para llevarme pero nunca la pudo terminar. Fue en la zona de Chacras de Plaza Huincul".
Frente al abandono, la contención social proviene mayoritariamente de la solidaridad comunitaria y religiosa de la comarca. "Una hermana de la Iglesia me ayuda, el pastor le dijo que me ayudara y me trajera cosas, me trajeron fideos, arroz, aceite, jabón, cosas para la limpieza", agradeció sobre la asistencia recibida. Sin embargo, la falta de alimentos básicos sigue siendo una constante que la afecta a diario: "Ayer le dije a mi nieto que me acompañara, fui a comprarme pata muslo, pechuga, compré azúcar que no tenía; una vez estuve como una semana que no tenía ni pan y nadie vino a verme".
