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Especialistas del Conicet advirtieron sobre el riesgo latente de un desprendimiento rocoso en las inmediaciones de la villa turística santacruceña. La retracción del Glaciar Torre durante los últimos cincuenta años derivó en la pérdida del sostén natural de la montaña, provocando un proceso de deslizamiento activo en la ladera norte que podría impactar de forma directa sobre el Lago Torre.

Las evaluaciones geológicas encabezadas por la investigadora Daniela Schmidt y el doctor Diego Winocur señalan que desde 2002 el movimiento de la masa de roca experimentó una severa aceleración. Los estudios estiman que una eventual caída súbita de hasta 13 millones de metros cúbicos de material sobre el espejo de agua desencadenaría una ola de gran magnitud, derivando en una crecida violenta y destructiva a lo largo del cauce del río Fitz Roy.

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Frente a este escenario, que cobró mayor relevancia tras un evento de características similares registrado en Nepal, la científica Mariana Correas González trabaja junto a la Asociación Amigos del Parque en el diseño de un Sistema de Alerta Temprana. El proyecto contempla la colocación de sensores de nivel, cámaras de monitoreo y estaciones meteorológicas para emitir avisos preventivos a la población mediante sirenas y dispositivos móviles.

En forma prioritaria y a la espera de fondos para la instrumentalización en tiempo real, la Administración de Parques Nacionales dispuso modificaciones operativas en la zona. Entre las decisiones adoptadas se destacan la reubicación del sendero turístico fuera de las áreas de mayor vulnerabilidad y el traslado del campamento De Agostini hacia un sector protegido dentro del bosque.