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La consolidación de un fenómeno de El Niño con proyecciones de intensidad excepcional puso bajo estricta vigilancia meteorológica a la República Argentina de cara al ciclo de primavera y verano de 2026.

Los reportes internacionales de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) le otorgan más de un 90% de probabilidad de alcanzar una magnitud “muy fuerte” y un 69% de posibilidades de que las temperaturas del océano Pacífico ecuatorial superen los registros máximos históricos contabilizados desde 1950. Aunque este parámetro no determina automáticamente marcas récord de anegamiento en todas las regiones, incrementa de manera sustancial la frecuencia y severidad de precipitaciones extremas sobre el territorio nacional.

El mapa de riesgo ubica en la cúspide de la vulnerabilidad al Noreste Argentino (NEA), con las provincias de Misiones y Corrientes al frente debido a una señal climática sumamente persistente. La combinación de tormentas regenerativas sobre las mismas cuencas, la saturación de los suelos y el inminente desborde de los ríos Paraná, Uruguay e Iguazú mantiene en alerta a centros urbanos estratégicos como Posadas, Puerto Iguazú, la capital correntina, Goya y Paso de los Libres. Este núcleo crítico se extiende hacia Entre Ríos y el este de Santa Fe, donde la amenaza se duplica: el peligro deriva tanto de las lluvias locales como del enorme volumen hídrico procedente de las cuencas superiores de Brasil y Paraguay. Ciudades costeras y del corredor agroindustrial —entre ellas Concordia, Gualeguaychú, la capital santafesina y el Gran Rosario— enfrentan un riesgo elevado por la crecida paulatina del sistema de los grandes ríos.

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Por su parte, el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) y el norte bonaerense presentan una configuración de riesgo centrada en las inundaciones urbanas repentinas. En este sector, la combinación de tormentas convectivas de corta duración con la impermeabilización del suelo, la escasa pendiente y la eventual coincidencia con sudestadas en el Río de la Plata amenaza directamente a los municipios asentados sobre las cuencas de los ríos Luján, Reconquista y Matanza-Riachuelo. Hacia el interior, si bien el NOA y la provincia de Tucumán no exhiben una correlación directa tan marcada en el arranque primaveral, proyectan un incremento ostensible del peligro hacia el verano por la activación de tormentas severas, deslaves y crecidas intempestivas en ríos de montaña.