Reuniones durante la dictadura, docentes cesanteados, el acompañamiento de Jaime de Nevares y un libro de actas que tuvo que ser enterrado: la historia de quienes comenzaron a organizarse para defender la educación pública y los derechos laborales en Neuquén.
Por Yamil Jara
ATEN no nació de un repollo.
Antes de su fundación hubo miedo, persecuciones, docentes cesanteados, reuniones discretas y una necesidad cada vez más evidente: volver a organizarse.
Sara Mansilla fue protagonista de aquellos años. Docente de niños sordos e hipoacúsicos en la Escuela Especial N.º 3, durante la dictadura fue declarada “prescindible” y perdió su trabajo.
El miedo atravesaba la vida cotidiana. Conseguir otro empleo no era sencillo y, según recuerda Sara, expresiones como “no te metas” o “algo habrán hecho” formaban parte de aquel clima.
Pero también comenzaba a crecer otra certeza: la necesidad de organizarse colectivamente.
El impulso de Jaime de Nevares
El proceso comenzó a tomar forma antes del nacimiento formal de ATEN.
En 1981, docentes neuquinos participaron de un encuentro en el Colegio María Auxiliadora, en el marco de una asamblea diocesana impulsada por el entonces obispo Jaime de Nevares.
Después de escuchar a los docentes, recuerda Sara, De Nevares fue categórico:
“Júntense, organícense.”
Una semana después comenzaron las reuniones en el Colegio San José Obrero, espacio que se convirtió en un lugar fundamental para quienes buscaban reconstruir la organización gremial docente.
Sara recuerda a De Nevares como “nuestro paraguas protector”.
Las reuniones se desarrollaban en un contexto de miedo. Había docentes perseguidos, personas detenidas o desaparecidas y familias que conocían las consecuencias de la represión.
Pero, con el tiempo, el miedo comenzó a transformarse en decisión.
“Entonces el miedo da lugar al valor colectivo”, resume Sara.
Los primeros pasos de ATEN
La nueva organización fue tomando forma durante 1982, hasta conformar su primera estructura y aprobar su estatuto.
Entre los nombres vinculados a aquella primera etapa aparecen Jorge Salaburu, José Luis Savanco, Ariel Minadeo, Susana De Luca, Marta Cittadini de López Alaniz, Daniel Noé, Liliana Obregón de Creado, Mirta Kestenbaum, Graciela Domingo, Ana Mosca y Violeta Gallardo, entre otros.
Jorge Salaburu fue elegido primer secretario general.
Sara también recuerda a Haydée Escudero entre las protagonistas de aquellos primeros pasos.
La nueva organización recuperaba así una tradición de organización gremial docente que la dictadura había interrumpido.
Un libro escondido para sobrevivir
Entre los recuerdos que conserva Sara hay un objeto que parece resumir toda aquella historia: un viejo libro de actas.
Durante la dictadura, algunos libros, discos y otros materiales fueron escondidos dentro de tambores y enterrados en un galponcito.
Entre ellos estaba ese libro.
También había discos de Mercedes Sosa, Horacio Guarany y Víctor Heredia.
No se trataba simplemente de guardar objetos. Era una forma de proteger materiales que podían convertirse en motivo de persecución.
Décadas después, aquel libro deteriorado permanece como testimonio de una época en la que organizarse también significaba desafiar al miedo.
Construir desde abajo
Después de la fundación todavía estaba todo por hacer.
Había que recorrer la provincia, sumar docentes, construir representación y conseguir recursos.
Los viajes se hacían en un viejo Falcon. Las fotocopias se pagaban con las cuotas voluntarias y el teléfono de la casa de Salaburu se convirtió en un punto de contacto permanente.
La organización comenzó a crecer y también puso en el centro la formación político-pedagógica.
Llegaron luego las primeras conquistas: el derecho a utilizar edificios escolares para reuniones gremiales, la inscripción gremial, el descuento por planilla y avances vinculados con los derechos de interinos y suplentes.
Una memoria que permanece
A 44 años de aquellos primeros pasos, Sara vuelve sobre los nombres, las reuniones, el miedo, las docentes cesanteadas, Jaime de Nevares, Salaburu y aquel libro de actas que alguna vez tuvo que ser enterrado.
Pero por encima de todo aparece una idea.
La decisión de juntarse aun cuando había miedo.
Porque la historia de ATEN no comienza solamente con una fecha o un estatuto. Comienza antes: con docentes que decidieron organizarse cuando hacerlo no era sencillo.
Y quizá por eso aquella frase de Sara Mansilla resume mejor que ninguna otra la historia de esos años:
“Entonces el miedo da lugar al valor colectivo.”
Por Yamil Jara
