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El profesor de historia Enzo Daniel Jones dejó temporalmente las aulas de la Patagonia para embarcarse en una travesía improvisada por los Estados Unidos. Con permisos migratorios ajustados y entradas a precios exorbitantes, relata cómo el trayecto transformó su experiencia mundialista.

A veces las historias no empiezan con una renuncia, sino con una certeza. Para Enzo Daniel Jones, un profesor de historia de 28 años oriundo de Epuyén, provincia de Chubut, esa convicción tuvo forma de pelota: seguir a la Selección Argentina en el Mundial 2026. El resto fue puro movimiento. En menos de una semana, el docente pasó de dictar clases en una escuela secundaria de Cushamen a recorrer miles de kilómetros por las rutas norteamericanas. Sin un itinerario cerrado, sin pasaje de vuelta y con la incertidumbre como compañera de viaje, armó una travesía que ya supera los 3.500 kilómetros.

Su primer destino fue Miami, donde enfrentó el primer obstáculo burocrático: las autoridades de migraciones dudaron de su plan de viaje. Al no contar con un ticket de regreso y esgrimir un argumento poco habitual, le otorgaron un permiso de estadía limitado con fecha de salida fijada para el 26 de junio. A pesar de la restricción, el docente mantiene la intención de gestionar una extensión para estirar la experiencia hasta los primeros días de julio.
De la ruta 66 al triplete de Messi en Kansas

Lejos de desanimarse, la travesía del maestro chubutense comenzó a consolidarse a través de encuentros casuales. A las pocas horas de arribar, conectó con un grupo de argentinos que planeaba trasladarse hacia Kansas y decidieron compartir un vehículo. El trayecto de 2.700 kilómetros se completó en dos días de manejo, matizados con paradas técnicas y comidas compartidas en la ruta.

Una vez en Kansas, Jones logró ingresar al estadio para presenciar el triunfo de Argentina frente a Argelia tras abonar 600 dólares por una entrada. La noche colmó sus expectativas debido al rendimiento de Lionel Messi, quien selló la victoria albiceleste con tres goles en un marco colmado de parcialidad argentina.

Tras el partido, el viaje continuó en transporte público hacia Oklahoma. En ese tramo, un ciudadano estadounidense local invitó al grupo de simpatizantes a recorrer un segmento de la histórica Ruta 66. “Si viajás en avión, te perdés todo esto”, resumió el docente al analizar la facilidad con la que el contexto propició que personas desconocidas se transformaran en compañeros de ruta.
El filtro de los precios en Dallas y el contacto con las aulas

El destino actual del profesor es la ciudad de Dallas, sede del compromiso del seleccionado nacional ante Austria. En esta plaza, el factor económico alteró las previsiones: las localidades más accesibles en el mercado de reventa superan los 1.700 dólares, una cifra que dificulta su ingreso al estadio, aunque Jones agota las instancias para conseguir un remanente.

Mientras tanto, en Epuyén y Cushamen, los pormenores de su travesía circulan de forma diaria entre sus alumnos y colegas de la escuela secundaria. A través de mensajes de texto, el docente mantiene el contacto institucional y les transmite una reflexión que unifica su profesión con la aventura actual: estudiar también funciona como una herramienta para aproximarse a las metas personales.

La planificación a corto plazo del maestro es simple: prolongar la estadía lo máximo posible en territorio estadounidense sin comprometer las normativas migratorias ni descuidar el retorno programado. Aunque la bitácora sume nuevos trayectos, Jones reconoce que el destino final del viaje se encuentra pautado de antemano y se ubica detrás del pizarrón de su escuela en la Patagonia.