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La combinación de una marcada pérdida de la capacidad de compra en los hogares y el encarecimiento sostenido del ganado en los mostradores ha provocado un giro drástico en la alimentación a nivel nacional. La tradicional preferencia por los cortes vacunos ha retrocedido a niveles inéditos, forzando una migración masiva del consumo hacia fuentes de proteína animal más económicas.


El desplome del mercado interno frente al empuje exportador


De acuerdo con el balance elaborado por la Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (Ciccra) para los primeros cinco meses de 2026, la absorción doméstica de este alimento sufrió una contracción del 11,1% en comparación con el mismo ciclo del año previo, lo que equivale a una pérdida de más de 106.000 toneladas dentro del circuito comercial del país.

Este escenario determinó que el promedio de consumo anualizado cayera a los 47,5 kilos por habitante, la cifra más baja reportada en los últimos veinte años. En términos per cápita, representa un retroceso superior al 6% interanual.

Curiosamente, este declive en las mesas locales coincide con un escenario opuesto en el frente internacional. Mientras la producción global de los frigoríficos locales cayó un 7,3% —alcanzando 1,168 millones de toneladas—, el sector exportador logró expandir sus despachos en un 5,1% interanual. Esta dinámica estuvo sostenida en gran medida por una firme demanda proveniente de los Estados Unidos, mercado que traccionó los embarques hacia el exterior en desmedro del abastecimiento doméstico.

La brecha de precios y el avance de las alternativas

El factor determinante detrás de este nuevo hábito de consumo radica en la evolución del costo de vida. Si bien durante el mes de mayo los cortes bovinos mostraron una estabilidad casi total, moviéndose muy por debajo del índice inflacionario mensual, la perspectiva a largo plazo revela un desfasaje crítico.

En la medición interanual, el precio de la carne vacuna experimentó un incremento cercano al 58%, superando por amplio margen a la inflación general del país, que se ubicó en torno al 33%. Esta disparidad dejó al producto principal de la canasta con valores promedio que rondan los 18.500 pesos por kilo.

Frente a este escenario, las carnes sustitutas ganaron un terreno definitivo gracias a valores mucho más competitivos y subas anuales más moderadas:

·El sector aviar: El pollo fresco registró un ajuste anual del 38,9%, posicionando su valor de venta al público en el orden de los 5.000 pesos por kilo.

·El sector porcino: El pechito de cerdo mostró el comportamiento más estable con un incremento anual de apenas el 23,6%, ubicando su precio promedio en torno a los 9.150 pesos el kilo.

Este esquema de precios relativos generó un hito estadístico relevado por la Bolsa de Comercio de Rosario: por primera vez en la historia contemporánea de la economía nacional, la ingesta de pollo logró igualar de forma virtual a la de carne vacuna, consolidando una tasa de consumo cercana a los 47 kilos por habitante al año. El fenómeno expone de forma contundente la magnitud de la reconfiguración económica que viven las familias para sostener su alimentación diaria.