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Una multitud colmó la plaza en Buenos Aires bajo el lema “Vivas, libres y desendeudadas nos queremos”.

La movilización estuvo marcada por la conmoción del femicidio de Agostina Vega en Córdoba y fuertes reclamos hacia el Poder Judicial y las políticas oficiales.       

 La Plaza del Congreso volvió a convertirse este miércoles en el epicentro del reclamo federal contra la violencia de género, al completarse la 11ª marcha consecutiva convocada por el colectivo Ni Una Menos.

Desde media tarde, columnas de organizaciones sociales, políticas, estudiantiles, sindicales y miles de personas de manera espontánea colmaron las inmediaciones del Palacio Legislativo en un contexto atravesado por la indignación y el pedido de justicia. 

La fisonomía de la plaza se tiñó de violeta, el color que representa la lucha histórica por la igualdad y la erradicación de la violencia hacia las mujeres. El asfalto y las veredas sirvieron también de escenario para exhibir los rostros y nombres de por lo menos 128 mujeres asesinadas, reflejando una cruda estadística que, según organizaciones civiles, arroja una muerte cada 31 horas en lo que va del año en la Argentina. 

El factor Córdoba y la denuncia a la "desidia judicial"El documento central de este año, cuya lectura comenzó ante una plaza totalmente ocupada, adquirió un fuerte tono de denuncia institucional debido al reciente femicidio de Agostina Vega, la adolescente de 14 años asesinada en la provincia de Córdoba que conmocionó al país. 

Las agrupaciones exigieron de forma taxativa responsabilidades políticas y judiciales concretas:Renuncia en el Ejecutivo: Reclamaron la inmediata dimisión del ministro de Seguridad cordobés, Juan Pablo Quinteros. 

Destitución de fiscales:

Apuntaron contra los fiscales Raúl Garzón e Iván Rodríguez, acusándolos de una "desidia organizada del Poder Judicial" que desprotegió a la menor y garantizó la impunidad. Rodríguez quedó en el centro de las críticas por haber liberado el año pasado al femicida en el marco de otra denuncia previa. 

“Este caso sintetiza las violencias institucionales a las que nos somete el Estado”, sentenció el documento emitido en el escenario principal. 

Durante el acto también se recordó con profunda conmoción los femicidios de Dulce María Beatriz Candia (17 años, Misiones) y de Noelia Romero (Temperley, Buenos Aires), al tiempo que se renovó el pedido de búsqueda por Camila Maidana (Chubut) y Delicia Mamani, desaparecida en Córdoba hace seis meses. 

Cifras oficiales y un fuerte trasfondo político 

La protesta se da días después de que la Corte Suprema de Justicia publicara su informe anual, el cual reveló que durante 2025 se registraron 200 femicidios en el país. Si bien la cifra representa una leve baja respecto de los 228 casos reportados en 2024, el índice sigue siendo alarmante para las organizaciones civiles, que denunciaron que la violencia continúa matando a casi una mujer por día en el territorio nacional. 

Además del reclamo específico por políticas de género eficientes, la movilización de este año contó con un marcado contenido político de oposición hacia el gobierno de Javier Milei. Las consignas denunciaron el contexto socioeconómico actual y cuestionaron los discursos oficiales que relativizan la figura penal del femicidio y desmantelan las herramientas de prevención estatales. 

La convocatoria demostró una amplia transversalidad institucional con la participación activa de:La Central de Trabajadores de la Argentina (CTA) y la Confederación General del Trabajo (CGT), nucleadas en el Bloque Sindical Feminista. 

Delegaciones del Frente de Izquierda (FiT), el Partido Obrero (PO), el Partido Justicialista (PJ) y la Unión Cívica Radical (UCR).  Agrupaciones de jubilados, centros de estudiantes y el colectivo Periodistas Argentinas, que nuclea a más de un centenar de trabajadoras de prensa.  Hacia el cierre de la jornada, entre cánticos, intervenciones artísticas y dificultades de conectividad por la enorme masa humana apostada en el lugar, las manifestantes coincidieron en la necesidad de trasladar la conciencia social de las calles a las mesas familiares para que el cuidado colectivo empiece a transformarse en un ecosistema que detenga la violencia.