El Observatorio Nacional de la organización MuMaLá presentó las alarmantes estadísticas relevadas entre el 1 de enero y el 30 de mayo de 2026. Una mujer es asesinada cada 35 horas en Argentina. El 75% de las víctimas que denunciaron penalmente tenía una restricción perimetral activa que falló.
La violencia de género sigue golpeando con extrema dureza en la Argentina. A once años de la histórica primera movilización del colectivo "Ni Una Menos", el Registro Nacional de Femicidios de la organización Mujeres de la Matria Latinoamericana (MuMaLá) expuso una realidad crítica: en los primeros cinco meses de 2026, 105 mujeres e identidades trans fueron asesinadas por motivos de género.
La crudeza del número se traduce en una frecuencia temporal que estremece: en el país ocurre un femicidio cada 35 horas. Desde que el observatorio comenzó su conteo histórico en el año 2015, ya se acumulan 3.096 vidas perdidas a causa del machismo criminal.
Los datos detrás del horror
El informe discrimina la totalidad de los hechos de la siguiente manera para visibilizar el alcance y las diferentes formas en las que se manifiesta la violencia extrema:
·80 femicidios directos (mujeres asesinadas estrictamente por su condición de género).
·12 muertes vinculadas al narcotráfico y el crimen organizado (donde las mujeres son instrumentalizadas o quedan en la línea de fuego).
·5 suicidios femicidas (mujeres que se quitaron la vida como consecuencia directa del abuso y desamparo sistemático).
·5 femicidios vinculados (asesinatos de terceros o seres queridos para infligir daño psicológico a la mujer).
·3 trans/travesticidios.
·1 crimen de odio.
·14 casos que aún se encuentran bajo investigación judicial y pericial.
La cifra de muertes podría haber sido significativamente mayor: el registro oficial de MuMaLá detectó 420 intentos de femicidio en el mismo período, lo que demuestra la alarmante cantidad de mujeres que logran salvar sus vidas de milagro ante ataques potencialmente letales.
El peligro habita puertas adentro
Las estadísticas vuelven a derribar de forma contundente el mito del peligro en la vía pública. El hogar sigue siendo el espacio más inseguro para las víctimas: el 67% de las mujeres fueron asesinadas dentro de sus propias viviendas o en el hogar que compartían con el agresor.
Asimismo, el entramado vincular cercano se consolida como el principal foco de riesgo: el 60% de los femicidios fue cometido por la pareja, ex pareja o un familiar directo de la víctima.
En lo que respecta a las modalidades empleadas por los femicidas, las armas de fuego lideran los mecanismos letales:
·Arma de fuego: 32%
·Arma blanca: 24%
·Asfixia: 13%
·Golpes: 11%
·Otros métodos: 7%
·Sin datos oficiales: 13%
El perfil de los agresores e impacto social
De acuerdo con el relevamiento, la edad promedio de las víctimas fatales es de 39 años, mientras que la de los agresores se ubica en los 41 años.
Las consecuencias sociales del fenómeno dejan heridas profundas en las infancias del país. El 40% de las mujeres asesinadas eran madres, lo que provocó que 73 niños, niñas y adolescentes se quedaran sin su mamá de forma repentina en lo que va del año. Entre las víctimas directas, se constató además que al menos una de las mujeres estaba embarazada y un 7% había pasado por una situación previa de desaparición.
Por el lado de los atacantes, su conducta posterior denota un patrón de impunidad y desesperación: el 32% se dio a la fuga de inmediato (manteniéndose un 18% del total aún prófugo), el 16% se suicidó tras concretar el hecho y el 10% ya poseía antecedentes penales o denuncias por violencia. Un dato institucional sumamente alarmante revela que el 6% de los femicidas pertenecía activamente a las fuerzas de seguridad.
Crítica falla estatal en los sistemas de protección
El punto más alarmante del informe de MuMaLá radica en la ineficacia de las herramientas institucionales con las que el Estado debe proteger a las mujeres en situación de vulnerabilidad.
De las víctimas que consiguieron romper el círculo de silencio y acudir a la Justicia:
·El 9% de ellas ya había radicado denuncias formales contra su agresor.
·El 75% de ese grupo ya contaba con una orden de restricción de acercamiento o perimetral vigente al momento de ser asesinada.
·El 12% disponía de un botón antipánico provisto por las autoridades estatales, elemento que resultó completamente insuficiente para frenar el ataque mortal.
Bajo las consignas #EmergenciaNiUnaMenos y "Vivas y libres nos queremos", las organizaciones sociales exigen de manera urgente una profunda revisión de las políticas públicas de prevención, mayor presupuesto para el acompañamiento de las víctimas y un accionar judicial que actúe con celeridad antes de que las denuncias terminen transformándose en una nueva estadística mortal.
