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Un relevamiento de la UCA y la Asociación Conciencia revela la mirada de más de 1.100 educadores de todo el país. Cuestionan el impacto de las últimas reformas y reclaman mayor autonomía para vincular la escuela con el empleo.

BUENOS AIRES.- El debate sobre el presente y el futuro de la educación media en la Argentina sumó un documento clave. El Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la Universidad Católica Argentina (UCA), en un trabajo conjunto con la Asociación Conciencia, presentó el informe técnico "Repensar la escuela secundaria: problemas, resistencias y reformas posibles desde la mirada de docentes y directivos". La investigación recopiló el testimonio de 1.148 educadores pertenecientes a 750 establecimientos secundarios de gestión pública y privada de todo el territorio nacional.

El diagnóstico expone una marcada distancia entre las políticas diseñadas por las carteras educativas y la realidad que se vive dentro de las aulas. De hecho, el 71% de los profesionales consultados afirmó que al menos una de las modificaciones normativas aplicadas en el último tiempo tuvo consecuencias nocivas para el sistema. Los focos de mayor disconformidad se concentraron en las mutaciones del régimen académico (60,7%) y en las nuevas pautas de los sistemas de evaluación de los alumnos (56,9%).

Desmotivación y ausentismo: las principales barreras en el aula

Al momento de identificar los obstáculos cotidianos en el proceso de enseñanza, la falta de interés de los alumnos se consolidó como la problemática más severa y transversal. El 82,3% de los docentes y directivos catalogó a la apatía estudiantil como un conflicto de gravedad, mientras que el 56,8% la ubicó directamente en el podio de los tres desafíos más urgentes que debe resolver la escuela media actual.

El segundo factor de alarma es el ausentismo de los jóvenes:

·El 73,8% de la muestra total advirtió que las inasistencias reiteradas quiebran y dañan la continuidad de las trayectorias pedagógicas.

·Esta preocupación se agudiza en las escuelas de gestión estatal, donde el índice de alerta trepa al 79%.

Por otra parte, la falta de asistencia de los propios educadores también fue señalada como un problema de peso por el 43,9% de los encuestados, registrando una mayor incidencia en los colegios de gestión pública y en los entornos socioeconómicos que presentan condiciones de alta vulnerabilidad.

Grieta por la repitencia y consenso por las pruebas de egreso

Uno de los ejes más controvertidos de la agenda educativa actual es la flexibilización de los criterios de promoción, sustituyendo la repitencia tradicional de año por bloques por esquemas de correlatividad por materias. El informe demuestra que esta discusión está lejos de cerrarse: el 60,8% de los maestros y directores se manifestó en contra de erradicar la repitencia, frente a un 28,7% que respaldó la flexibilización.

No obstante, el nivel de adhesión a esta reforma varía según el contexto institucional. El aval a la eliminación de la repitencia sube al 37,3% en los colegios emplazados en sectores de menores recursos económicos y en estructuras institucionales más pequeñas, mientras que en los establecimientos de nivel socioeconómico medio-alto el respaldo cae drásticamente al 17,1%.

En contraste con esta polarización, existe un amplio consenso respecto a la necesidad de evaluar los resultados del sistema. El 65,2% de los educadores se mostró a favor de instaurar un examen nacional estandarizado y de carácter optativo al concluir el ciclo secundario, orientado a auditar los conocimientos adquiridos en áreas troncales como Lengua, Matemática, Ciencias Naturales y Ciencias Sociales.

Reclamo de autonomía, tecnología y rol de las familias

El fortalecimiento de la gestión interna de cada establecimiento cosechó un apoyo casi unánime: el 91% de los participantes consideró que las escuelas optimizarían su rendimiento si dispusieran de mayores márgenes de decisión institucional. En este sentido, la principal expectativa de los equipos docentes está ligada a la inserción laboral; el 72% de ellos evaluó que una mayor autonomía facilitaría el codiseño de prácticas formativas mejor adaptadas a los perfiles productivos de cada comunidad.

Respecto al entorno familiar, el 58,2% de los encuestados percibe un déficit en el acompañamiento y compromiso de los padres en el trayecto escolar de sus hijos, una realidad que se eleva al 73,1% en los sectores postergados. A pesar de este diagnóstico, la comunidad educativa rechaza la injerencia de las familias en la gestión interna: el 70,6% se opone formalmente a que los padres intervengan en los procesos de selección de los equipos de conducción de las escuelas.

Finalmente, el estudio revela una veta de apertura hacia la modernización de los formatos escolares. Un contundente 74,2% de los profesionales se inclinó por profundizar el uso de metodologías pedagógicas activas y flexibles, al tiempo que el 41,6% defendió la inclusión regulada de los teléfonos celulares como herramientas de aprendizaje dentro del aula, priorizando la alfabetización digital por sobre las corrientes que impulsan su prohibición estricta.