Un estudio de las consultoras Alaska y TresPuntozero muestra un fuerte cambio de tendencia en la opinión pública. Además, casi el 63% no cree que el Gobierno pueda revertir la situación.
La narrativa de la "herencia recibida" comienza a perder fuerza en el electorado. Según el último relevamiento conjunto realizado por las consultoras Alaska y TresPuntozero, casi dos de cada tres argentinos (63,7%) señalan directamente al presidente Javier Milei como el principal responsable de la crisis económica que atraviesa el país.
El dato refleja un giro significativo respecto a las mediciones de diciembre del año pasado. En aquel momento, un 44,1% de los encuestados todavía culpaba a las gestiones anteriores por el panorama económico, mientras que un 49,2% responsabilizaba a la actual administración. Hoy, el grupo que atribuye el mal momento a los gobiernos pasados cayó por debajo del 30%, lo que enciende las alarmas en la Casa Rosada frente a sus aspiraciones electorales a futuro.
Crece la desconfianza en la gestión económica
El informe revela otro indicador crítico para los libertarios: la pérdida de expectativas sobre una eventual recuperación. Un 62,9% de los consultados afirmó que no cree que el gobierno de Milei sea capaz de revertir la situación económica actual. En contraposición, solo un 28,9% mantiene la fe en que el Presidente pueda encauzar la economía, una cifra muy alejada del 40,6% que confiaba en su capacidad a fines del año pasado.
Imagen negativa e impacto en el escenario político
El descontento económico impacta directamente en la valoración del jefe de Estado, quien registra un 64,6% de imagen negativa. Con este número, Milei se ubica en los niveles de rechazo de dirigentes como Sergio Massa y solo es superado por Mauricio Macri, que alcanza un 68,7% de negativa.
Este escenario complejo explica la cautela en el espacio opositor y aliado; en el caso del presidente del PRO, sus colaboradores cercanos dejan trascender en privado su negativa a competir por la presidencia en los próximos turnos electorales ante un clima de opinión pública cada vez más adverso para los líderes tradicionales.
