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El reciente anuncio de Donald Trump sobre un entendimiento con Irán encendió el debate global respecto al verdadero balance del conflicto. En sintonía con esto, el prestigioso periódico The New York Times difundió una categórica columna editorial en la que califica la intervención de la Casa Blanca "cometió un terrible error al iniciar esta guerra. La llevó a cabo de manera imprudente y en desafío abierto a la ley. Estados Unidos sale debilitado -militar, diplomática y económicamente- y pagará un alto precio estratégico en los próximos años".

Aunque todavía restan precisar diversas cláusulas del pacto, los lineamientos preliminares indican que la administración de Trump "dijo que Estados Unidos lograría una victoria total y completa y que Irán debía aceptar una rendición incondicional. Insinuó que se produciría un cambio de régimen. Dijo que a Irán no se le permitiría ningún enriquecimiento de uranio y que Estados Unidos, en colaboración con Irán, desenterraría y retiraría todo el material nuclear de grado casi militar" que ya posee y que está bajo tierra. Nada de esto parece ser cierto"

El contraste entre las promesas iniciales y el escenario real

Al desatarse las acciones bélicas, el mandatario estadounidense había garantizado una resolución contundente, condicionada a la capitulación absoluta de Teherán y sugiriendo la caída definitiva del régimen islámico. Entre las condiciones innegociables figuraban el desmantelamiento completo del programa de enriquecimiento de uranio y la neutralización subterránea de todo el material nuclear apto para uso militar con supervisión conjunta. Sin embargo, la realidad actual dista mucho de ese panorama:

"El gobierno de línea dura de Irán sigue en el poder. Al parecer, los detalles del acuerdo nuclear se negociarán durante los próximos dos meses, pero es probable que los términos se parezcan a los del acuerdo de 2015 que negoció el presidente Barack Obama y que Trump canceló en 2018", sostuvo
Irán se posiciona como el ganador estratégico

A pesar de haber sufrido un impacto severo que diezmó su armada, su fuerza aérea, su infraestructura bélica y su cúpula de poder —incluyendo la baja del ayatolá Alí Jameneí durante la jornada inicial del conflicto—, Teherán se encamina hacia una reconstrucción integral con una ventaja geopolítica clave.

El mayor beneficio inmediato del cese del fuego es la normalización del tránsito comercial en el Estrecho de Ormuz. Si bien esto estabilizará los costos energéticos globales, no implica más que un regreso al escenario previo a las hostilidades. Irán utilizó el bloqueo de este paso marítimo como una herramienta de presión económica efectiva contra Occidente, y sus líderes ahora son plenamente conscientes del poder disuasorio que posee dicho recurso.

"Si se hace un balance, Irán sale como el ganador estratégico de esta guerra de cuatro meses. El país sufrió pérdidas sustanciales, como gran parte de su armada, su fuerza aérea, su capacidad militar-industrial y su liderazgo político, entre ellos el ayatolá Alí Jameneí, el líder supremo, quien fue asesinado el primer día de la guerra. Sin embargo, con el fin de la guerra, los líderes iraníes podrán empezar a reconstruir el país", remarcó.

El impacto en la credibilidad militar de Washington

El análisis del medio estadounidense subraya que la superpotencia norteamericana transmite una imagen de debilidad ante la comunidad internacional. El desarrollo de la guerra demostró las dificultades del Pentágono para doblegar rápidamente a un rival de menor envergadura, un proceso que además demandó un altísimo consumo de interceptores y proyectiles guiados de precisión de largo alcance. Este desenlace afecta de forma directa la capacidad de los Estados Unidos para disuadir futuras amenazas de otros competidores globales.

Para revertir este panorama, los analistas sugieren que Washington debería concentrarse en reconstruir los lazos diplomáticos con sus socios en Europa, Oriente Medio y Asia, gravemente afectados por las repercusiones del conflicto, además de encarar una modernización de sus fuerzas armadas. No obstante, el diario ve improbable que estas reformas ocurran bajo la actual conducción presidencial.

El factor Netanyahu y las fallas de planificación

El artículo concluye señalando que la Casa Blanca prescindió de un planeamiento riguroso y prefirió alinearse con el diagnóstico optimista del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, quien auguraba un colapso inmediato del gobierno iraní; una previsión que los propios asesores de Trump consideraban inviable.

De cara al futuro, este desenlace también añade presión política sobre la figura de Netanyahu con vistas a los comicios de octubre en Israel.

En términos institucionales, Trump optó por obviar los mecanismos constitucionales al no requerir el aval del Congreso para ir a la guerra, desoyó las advertencias de sus aliados internacionales y subestimó la capacidad de Irán para desestabilizar la economía mundial. Las reiteradas advertencias de devastación lanzadas desde Washington terminaron por desgastar su autoridad moral, forzando la aceptación de un tratado de paz que el escenario internacional interpreta como un claro retroceso estratégico para los Estados Unidos.

El NYT considera que "Estados Unidos, por su parte, parece más débil a los ojos del mundo. El ejército estadounidense se ha mostrado incapaz de imponerse ante un adversario mucho más pequeño, incluso después de agotar muchos de sus misiles de precisión de largo alcance e interceptores".