
Los datos oficiales revelan un fenómeno paradójico dentro del esquema económico actual: mientras que los sectores vinculados a la minería y los hidrocarburos experimentaron un crecimiento productivo del 33 % desde el inicio de la gestión de Javier Milei, en paralelo se produjo la destrucción de 7.613 puestos de trabajo registrados en esas mismas actividades, impulsadas por el desarrollo de Vaca Muerta y la explotación de litio.
El retroceso en la contratación no se limitó al sector energético. Otras actividades consideradas pilares del dinamismo económico también mostraron saldos negativos desde noviembre de 2023: el segmento de electricidad, gas y agua redujo 600 puestos; la intermediación financiera perdió 8.545 empleos; y el sector inmobiliario anotó una baja de 21.878 trabajadores.
En conjunto, estas áreas estratégicas acumularon una merma superior a los 26.000 puestos, con la excepción del sector agropecuario, que incrementó su personal en 12.010 incorporaciones.
Factores estructurales, reconversión tecnológica y precarización laboral
Analistas consultados atribuyeron la contracción del empleo a diversos motivos operativos y estructurales.
Desde la consultora Invecq señalaron que las oscilaciones en la contratación responden a la búsqueda de mayores niveles de productividad y a la paulatina incorporación de herramientas de automatización e inteligencia artificial.
Por su parte, fuentes de YPF y economistas de la consultora LCG explicaron que el descenso en el empleo hidrocarburífero refleja el declive y la posterior salida de operadoras en campos maduros tradicionales —con fuerte impacto en provincias como Chubut y Santa Cruz—, cuya contracción no logra ser compensada por las ganancias de eficiencia en la producción no convencional. En el plano general del mercado de trabajo, el empleo privado registrado registró una caída mensual del 0,1 % en junio y acumuló una merma de 246.300 puestos desde noviembre de 2023, con epicentro en la industria (-88.500) y la construcción (-63.000).
Paralelamente, estimaciones de FIEL advierten sobre un proceso de precarización: entre el primer trimestre de 2024 y el mismo período de 2026 se destruyeron 600.000 empleos formales frente a la creación de un millón de puestos en la economía informal, derivando en un saldo neto de empleos de menor calidad y menor productividad.
