
El ritmo de desaceleración de la inflación argentina comenzó a mostrar señales de estancamiento tras pasar de picos superiores al 300% anual a la zona del 30%. Analistas económicos y registros históricos de América Latina advierten que la etapa final de desinflación —alcanzar un dígito anual (hasta 9%)— suele ser la más compleja y puede requerir entre 4 y 10 años de estabilidad macroeconómica.
Aunque el Gobierno nacional celebró recientemente la desaceleración del índice mayorista de julio impulsada por la baja internacional del petróleo, los analistas señalan que este comportamiento responde a factores puntuales y no garantiza una caída abrupta en el índice minorista.
Tiempos de desinflación en América Latina
Un relevamiento del bróker IEB en base a datos del Banco Mundial detalla el tiempo que le tomó a los países de la región reducir su inflación desde niveles superiores al 30% anual hasta ubicarse por debajo del 10%:
Ecuador (2 años, 2001-2003): Redujo su índice del 38% al 8% tras la implementación de la dolarización.
Brasil (2 años, 1995-1997): Bajó del 66% al 7% mediante la aplicación del Plan Real.
México (4 años, 1996-2000): Pasó del 34% al 9%.
Perú (4 años, 1993-1997): Descendió del 49% al 9%.
Uruguay (4 años, 1995-1999): Redujo su nivel del 42% al 6%.
Guatemala (6 años, 1991-1997): Bajó del 33% al 9%.
Paraguay (9 años, 1990-1999): Pasó del 37% al 7%.
Colombia (9 años, 1991-2000): Descendió del 30% al 9%.
Chile (10 años, 1985-1995): Redujo el indicador del 31% al 8%.
El Salvador (10 años, 1986-1996): Bajó del 32% al 9%.
Honduras (10 años, 1991-2001): Pasó del 34% al 9%.
Proyecciones para los próximos meses
Para el mercado local, las estimaciones privadas y el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central prevén un sendero de moderación lenta pero no lineal. Se proyecta que el índice mensual se estabilice cerca del 1,8% hacia fin de año, acumulando una variación anual cercana al 30%. No obstante, consultoras privadas advierten que la inercia de la inflación núcleo y los pendientes en las tarifas de servicios públicos y combustibles imponen un piso firme a la baja del IPC.
