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En la primera reunión con gabinete completo desde el 9 de julio, Javier Milei sostuvo que el índice de morosidad comenzó a revertirse y rechazó de plano cualquier medida de alivio crediticio. Sin embargo, informes privados advierten que millones de familias recurren al endeudamiento para cubrir la compra de alimentos y el pago de servicios básicos.

El presidente Javier Milei puso en el centro del debate de la reunión de gabinete la preocupación creciente por el endeudamiento de los hogares y el incremento de la morosidad crediticia. Durante el encuentro celebrado en la Casa Rosada, el mandatario buscó fijar una postura intransigente frente a las crecientes dudas del mercado y los cuestionamientos de la oposición, ratificando que no modificará el programa económico ni destinará fondos públicos para auxilio financiero.

Frente a sus ministros, el jefe de Estado descartó que los datos actuales configuren un escenario de crisis estructural y aseguró que el repunte de los atrasos en los pagos comenzó a ceder en las mediciones más recientes. Con la premisa de que "al populismo no se le gana con más populismo", Milei remarcó la importancia de sostener la disciplina fiscal y la credibilidad construida durante su gestión, argumentando que "para ganar no se hacen trampas" y que no piensa traicionar sus convicciones con la vista puesta en los comicios de 2027.

La lectura oficial contrapone los datos del sistema financiero formal con los relevamientos del sector privado y social, los cuales pintan un panorama significativamente más delicado. De acuerdo con un informe del Instituto de Estadísticas y Tendencias Sociales y Económicas (IETSE), casi 6 millones de personas registran atrasos graves en sus obligaciones. El estudio revela que el 92,3% de los hogares en Argentina posee algún tipo de deuda, con un 28,4% acumulando más de tres compromisos financieros simultáneos.

El aspecto más crítico de la medición privada reside en el destino del crédito y la capacidad de pago. Un 88,9% de las obligaciones relevadas por el IETSE se encuentra en condición de mora o incumplimiento, de las cuales un 41,3% ya ingresó en etapas de reclamo judicial. Además, el 44% de los hogares debe destinar más de la mitad de sus ingresos mensuales al pago de deudas. La divergencia entre ambas miradas se explica porque casi la mitad (49,3%) de los compromisos no pasa por el sistema bancario tradicional, abarcando mora en alquileres, impuestos, servicios, préstamos informales y fiado en comercios de cercanía, mientras que el 62,5% del uso de las tarjetas de crédito se canaliza directamente hacia la compra de alimentos.

Ante las críticas sobre el impacto del modelo en el consumo de primera necesidad, Milei ya había buscado desligar la responsabilidad de su administración días antes durante su discurso por el 142° aniversario de la Bolsa de Comercio de Rosario. En esa oportunidad, atribuyó parte del fenómeno a un factor estacional y de consumo extraordinario: "El efecto mundial. Si ustedes se fijan, una de las cosas que genera los problemas de créditos, ¿qué pasa? Vino el mundial, ¿saben qué hicieron muchos? Iban a cadenas de venta de electrodomésticos, ¿y qué hacían? Se llevaban televisores para el mundial", lanzó el Presidente, asegurando que "no hay elementos para culpar a la política del Gobierno por el tema morosidad".

En la misma línea, la Casa Rosada encuadra la discusión dentro de la contienda política y electoral. Para el Ejecutivo, la instalación del tema en la agenda pública forma parte de una estrategia deliberada por parte de la oposición y de los sectores sindicales —como las recientes movilizaciones impulsadas por la CGT— para sembrar incertidumbre en los mercados, presionar sobre el riesgo país y frenar la recuperación. Según las palabras del propio Milei, quienes impulsan estas denuncias "quieren retener el status quo prebendario y corrupto", por lo que ratificó que la única respuesta oficial ante el enfriamiento de la economía será sostener la baja de la inflación y el equilibrio de las cuentas públicas sin otorgar ningún tipo de salvataje.