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Los principales modelos meteorológicos internacionales anticipan que el fenómeno climático de El Niño experimentará un fortalecimiento sustancial de cara a los meses estivales, alcanzando su período de mayor impacto en distintas regiones de la Argentina. De acuerdo con las proyecciones estacionales, la mayor actividad del evento oceánico y atmosférico se concentrará entre el cierre de 2026 y el inicio de 2027, coincidiendo con la época de mayores precipitaciones registradas en el norte y centro del territorio nacional.

Cuándo se producirá el pico y hasta cuándo se extenderá

Especialistas del ámbito meteorológico sostienen que la fase de máxima intensidad tendrá lugar entre los meses de diciembre de 2026 y enero de 2027, momento en que el calentamiento del Pacífico ecuatorial alcanzará sus valores más altos. Desde el Centro de Predicción Climática de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de EE. UU. (NOAA) le otorgan más de un 83% de probabilidad a la continuidad de este escenario con intensidad fuerte durante el primer trimestre de 2027.

Asimismo, los análisis indican que el pico de intensidad no marcará la finalización del fenómeno. La disipación del evento en el océano Pacífico se prevé para el transcurso de la primavera, mientras que los efectos residuales sobre los caudales y precipitaciones en la cuenca del Plata podrían prolongarse al menos hasta el mes de abril.

Mapeo de las regiones con mayor riesgo

El incremento de humedad en las capas medias de la atmósfera potenciará la frecuencia de tormentas severas. La franja geográfica con mayor grado de vulnerabilidad abarca al Litoral argentino y a las nacientes del sistema hídrico regional:

Provincias argentinas afectadas: Misiones, Corrientes, Entre Ríos, junto al sector oriental de Chaco, Formosa y Santa Fe.

Países limítrofes involucrados: Uruguay, el este de Paraguay y los estados del sur de Brasil (Santa Catarina, Paraná y Río Grande do Sul).

El acopio de precipitaciones sobre dichas áreas resulta crítico debido a su impacto directo en las cuencas de los ríos Paraná y Paraguay, lo que eleva la alerta por posibles crecidas e inundaciones aguas abajo durante el transcurso del primer semestre del año entrante.