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Ya un poco más tranquilo, quiero contar lo que me pasó ayer, en las últimas horas del día. No soy de hacer este tipo de publicaciones, pero siento que es necesario contar lo ocurrido y generar conciencia.

Alrededor de las 20:30, caminaba por calle Hipólito Sánchez y Misiones junto a mi hijo de 3 años y nuestra mascota. Estábamos por cruzar hacia el boulevard cuando vi que una camioneta Toyota gris, modelo nuevo, se acercaba.

En cuestión de segundos, el vehículo se vino hacia nosotros. Mi reacción fue tirar a mi hijo hacia atrás para evitar que lo atropellara. Lamentablemente, no pude evitar que nuestra perrita fuera embestida y perdiera la vida.

Cuando el conductor detuvo la marcha, advertí que llevaba una lata de cerveza en la mano, quien conducía sería un comerciante de Cutral Co.

La situación me llenó de impotencia, bronca y desesperación. Reconozco que reaccioné mal: agarré una piedra y se la arrojé. También hubo vecinos que reaccionaron de la misma manera. Después, el conductor se retiró del lugar y yo decidí seguirlo, en el camino arrojaba las latas de cerveza. hasta que se dirigió a la Comisaría 14 de Cutral Co, donde se realizaron las denuncias correspondientes.

Posteriormente, tomé conocimiento de que el conductor también había presentado una denuncia en mi contra por violencia. Me haré responsable de mis actos y afrontaré lo que corresponda ante la Justicia.

Pero más allá de todo esto, hay algo que no puedo dejar de preguntarme: ¿qué habría pasado si no llegaba a tirar a mi hijo hacia atrás? ¿Hoy estaría contando una tragedia todavía más dolorosa?

Perdimos a nuestra perrita, un integrante más de nuestra familia. Y aunque nada nos la va a devolver, lo que más me duele es pensar que mi hijo pudo haber sido la víctima.

No quiero que nadie más tenga que pasar por una situación semejante. No podemos naturalizar que se conduzca poniendo en riesgo la vida de los demás. Las calles son espacios que compartimos todos: niños, familias, peatones y animales.

Esto no se trata de venganza ni de hacer justicia por mano propia. Se trata de responsabilidad, conciencia y respeto por la vida.

Hoy me pregunto: ¿hasta cuándo vamos a permitir que sucedan estas cosas? ¿Tenemos que esperar a que ocurra una tragedia irreversible para tomar conciencia?

Ojalá la Justicia pueda esclarecer lo sucedido y que este episodio sirva para que nadie más tenga que vivir algo así.

Porque ninguna copa, ninguna imprudencia y ninguna irresponsabilidad pueden valer más que una vida.

Mí hijo hasta las 2 de la madrugada estuvo llorando pidiendo a su perrita como le explico a un nene de 3 años que no va a tener más a su mascota..?? sean un poco más responsables a la hora de manejar.

Vecino de Plaza Huincul- Barrio Otaño