
El sector de la construcción en Argentina atraviesa una meseta crítica que mantiene encendidas las alarmas en el ámbito empresarial y sindical. Tras sufrir un violento desplome del 25% en su nivel de actividad entre el cierre de 2023 y mediados de 2025, el rubro no logra despegar. La timorata recuperación de apenas un puñado de puestos de trabajo resulta insignificante frente al masivo derrumbe de 120.000 empleos directos registrado durante el último año.
La paradoja de la economía en forma de "K"
Desde la conducción de la Cámara Argentina de la Construcción (CAC) relativizan el optimismo del Palacio de Hacienda respecto a un despegue general de la actividad económica. Los analistas del sector describen un escenario de dos velocidades:
El brazo que sube: Sectores vinculados a la energía, la minería y el agro muestran números récord y un fuerte empuje, pero se caracterizan por ser actividades que demandan poca mano de obra.
El brazo que baja: Industrias clave como el comercio, la manufactura y la propia construcción —históricamente las mayores generadoras de puestos de trabajo y dinamizadoras del consumo masivo— siguen sumergidas en la parálisis, evidenciando que destruir empleo es un proceso mucho más veloz que volver a crearlo.
El combo letal: Inflación en dólares y obra pública cero
La parálisis del ladrillo responde a un doble freno de mano. Por un lado, el congelamiento absoluto de los fondos destinados a la infraestructura estatal paralizó proyectos estratégicos a lo largo de todo el territorio nacional.
Por el otro, el mercado privado sufre las consecuencias de un fuerte desajuste macroeconómico. Con un dólar prácticamente planchado y una inflación acumulada que rondó el 230%, los costos de edificación medidos en moneda extranjera se triplicaron, disparándose desde los 600 dólares tradicionales hasta rozar los 1.700 dólares por metro cuadrado.
Sin hipotecas no hay reactivación para la clase media
Este encarecimiento estructural vuelve inviables los proyectos inmobiliarios orientados a los sectores de ingresos medios. Con las proyecciones económicas anticipando un dólar persistentemente barato que mantendrá los costos altos, la edificación privada quedó atrapada en un nicho exclusivo para inversores de alto poder adquisitivo que compran al contado.
La única llave para destrabar el sector de manera masiva radica en el regreso de los créditos hipotecarios de largo plazo. Los empresarios advierten que el mercado no reaccionará hasta que las familias de clase media cuenten con herramientas financieras que les permitan adquirir una vivienda a través de cuotas mensuales que no superen el valor de un alquiler promedio.
