Aumento de la pobreza, pérdida de puestos de trabajo y caída de la economía son los principales indicadores sociales que deja el Covid-19 en casi todos los países del mundo. El desafío de la reconstrucción y de la prosperidad colectiva más allá de la vacuna.

La caída en los ingresos afecta a todas las regiones del planeta, sin excluir a los países centrales.

Por Daniel Giarone

Cuando de pobreza extrema se trata las crónicas suelen recrear testimonios del África subshariana, así como la desocupación o el deterioro de la economía es común que remitan a América Latina o el Caribe. La irrupción del coronavirus produjo una suerte de igualación discursiva. Las secuelas de la pandemia también se sienten en Nueva York, Madrid o París, y ahora el riesgo del hambre, la pobreza y el desempleo se hacen sentir en todo el mundo.

El aumento de la pobreza, la pérdida de puestos de trabajo y la caída de la economía son los tres efectos socio-económicos más graves que provocó el Covid-19 en los distintos países, producto fundamentalmente de las medidas adoptadas para enfrentar una pandemia que ya dejó casi 60 millones de infectados y más de 1,4 millones de muertos en todo el planeta.

Un informe de la Organización Mundial del Trabajo (OIT) da cuenta de la magnitud de la crisis y pone en evidencia su extensión por casi todo el globo.

En la quinta edición de “La COVID-19 y el mundo del trabajo” el organismo consignó que, a junio de este año, unos 200 países “habían anunciado 1166 medidas de protección social”, incluidas “medidas de protección sanitaria y de garantías en materia de ingresos, protección contra el desempleo y mantenimiento del empleo”.

Pobres sin fronteras

Según el Banco Mundial, el virus hundirá en la miseria a entre 88 y 115 millones de personas este año, una cifra que puede crecer hasta los 150 millones en 2021. Todo depende de cuán grave sea la contracción económica.

“A causa de la pandemia y la recesión mundial, más del 1 % de la población del mundo caerá en la pobreza extrema”,señalóDavidMalpass, presidente del Grupo Banco Mundial, en una comunicación oficial del organismo.

La entidad considera que la pobreza extrema alcanza a quienes viven con menos de 1,9 dólares diarios, por lo que en 2020 espera que afecte a entre un 9,1% y 9,4% de la población a nivel global.

El emprobrecimiento generado por la pandemia también alcanzará a quienes tienen ingresos medios, que según la entidad representa a más del 40% de los habitantes del mundo. Además, estima que 8 de cada 10 nuevos pobres serán habitantes de países de ingreso mediano.

En un sentido similar, el Programa Mundial de Alimentos de la ONU advirtió en abril pasado que la crisis desatada por el coronavirus llevará este año a 265 millones de personas al borde de la inanición en todo el planeta.

Es más: la caída en los ingresos afecta a todas las regiones del planeta, sin excluir a los países centrales, que cuentan con economías más fuertes y estructuras mejor preparadas para enfrentar situaciones críticas.

En España 1,1 millones de personas incrementarán ese sector, según un informe de la ONG Oxfam Intermón citado por el diario “El País”.

También en los Estados Unidos la cantidad de pobres aumentó brutalmente: 8 millones de habitantes se sumaron a ese segmento, el más afectado, sólo entre mayo y septiembre de este año. Lo confirmó un informe difundido por la Universidad de Columbia a mediados de octubre.

Desempleo y contracción

En cuanto a la pérdida de puestos de trabajo por la pandemia, la OIT informó en septiembre pasado que sólo en Latinoamérica suman al menos 34 millones y que la tasa de ocupación cayó al 51,1 %, lo que representa “un valor mínimo histórico”.

Además, el Observatorio de la OIT estimó que para en el cuarto trimestre de este año se perderán unos 245 millones de puestos de trabajo en todo el mundo. El organismo había estimado que sólo entre abril y junio de este año se perdieron 495 millones de empleos.

Según el informe de estrategias de largo plazo de la Comisión Europea (CE), órgano ejecutivo de la Unión Europea, “casi el 8% de todos los puestos de trabajo en Europa, equivalente a 12 millones de empleos a tiempo completo, se perderán en 2020, sin contar el efecto devastador sobre las formas atípicas de trabajo y el trabajo basado en proyectos".

La caída de la economía alcanzará durante este año el 4,4 %, según el informe “Perspectivas Económicas Globales” elaborado por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y presentado en octubre pasado. Esa cifra, según el organismo, refleja la peor crisis económica mundial desde la Gran Depresión ocurrida en los años 30.

De acuerdo al organismo multilateral la contracción será del 4,3 % en los Estados Unidos, del 8,3 % en la zona del Euro y del 8,1 % en América Latina y del Caribe. Sin embargo el desplome no será igual en todos los países. En Europa, por ejemplo, Alemania sufrirá una caída del 6 %, en tanto que España, más dependiente del turismo, del 12,8%.

Para la Comisión Europea "la crisis de la Covid-19 ha puesto de manifiesto la dependencia excesiva de Europa de los proveedores de materias primas críticas de fuera de la UE", y el viejo continente “depende cada vez más de un número limitado de proveedores externos para algunos bienes, componentes y materias primas fundamentales, así como productos agrícolas”.

“En abril de 2020 la producción industrial europea había disminuido un 27% en 12 meses, mientras el comercio y la inversión se han desplomado. Según estimaciones, los volúmenes del comercio mundial caerán entre un 9% (FMI) y un 32% (OMC)", señaló la CE.

Urgencias

Organismos como la Conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio (Unctad) y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), consideraran que para hacer frente a la mayor crisis económica global desde la Segunda Guerra Mundial es indispensable adoptar acciones urgentes y de claro sesgo redistributivo.

La Unctad propuso, entre otras medidas, cancelar la deuda externa de los países más pobres, incrementar la ayuda internacional y garantizar un ingreso mínimo temporal a quienes más sufren las consecuencias de la crisis.

Por su parte, la Cepal abogó por un ingreso básico de emergencia promedio en toda América Latina para hacer frente a la situación de las 230 millones de personas que alcanzaría este año el número de pobres en la región.

“Hoy es posible hablar seriamente de un ingreso básico, del papel central del Estado, de la importancia de un pacto político, social y económico tanto a nivel nacional como regional y global, y de un contrato social justo, inclusivo y progresivo”, sostuvo Alicia Bárcena, titular de la CEPAL, durante una conferencia brindada en septiembre pasado al inaugurar el Banco de Desarrollo de América Latina.

En este contexto, la ONG Oxfam Intermón propuso en julio pasado un impuesto a la riqueza que, en el caso de América Latina, permitiría recaudar más de 14.000 millones de dólares para fortalecer los ingresos de las arcas públicas.

Según la ONG los 73 mil millonarios latinoamericanos vieron aumentar su fortuna en 48.200 millones de dólares desde el comienzo de la pandemia, por lo que adoptar medidas fiscales progresivas “incrementaría en 50 veces las aportaciones de los milmillonarios a las arcas públicas”, de acuerdo a una cita de la agencia Europapress.

Mientras las consecuencias económicas y sociales de la pandemia se sienten en todo el mundo la mirada está puesta en la reconstrucción. La posibilidad de tener una vacuna eficaz en el mediano plazo no sanará las heridas de cuerpo social. Ahí es donde la integración, la equidad y la solidaridad todavía tienen mucho que decir.