La pandemia revalorizó el lugar de la innovación tecnológica en la vida cotidiana. Ámbitos tan variados como el trabajo, las relaciones afectivas y la economía son alcanzados por la irrupción digital. Daniele Morganti, representante en Latinoamérica de la Asociación Nacional de Jóvenes Innovadores, habló con Télam sobre el mundo que viene, el mundo que ya ha llegado.

Por Daniel Giarone

Entre los cambios que dejará la pandemia en la vida cotidiana los relacionados con la innovación tecnológica generan las mayores expectativas. Desde el trabajo en casa hasta contratos y transacciones inmateriales, que ya se insinuaban antes de la irrupción del Covid-19, están definitivamente entre nosotros. Admirada y temida la vez, las digitalización nos coloca ante un horizonte tan nuevo como incierto.

“La irrupción del Covid-19 parece haber acortado los tiempos de ciertos escenarios que se proyectaban a futuro en términos de tecnología e innovación. Hay soluciones que la tecnología ya podía ofrecer que la pandemia transformó en una necesidad”, asegura Daniele Morganti, representante en Latinoamérica de la Asociación Nacional de Jóvenes Innovadores (ANGI), organización italiana que promueve la innovación tecnológica articulando el sector público con el privado.


En diálogo con Télam, Morganti asegura que “el ejemplo más fácil de imaginar es el de trabajo en casa (home working), donde hasta hace poco se veía como un beneficio sólo para algunas empresas y ahora se demostró que se puede generalizar. Lo que se plantea hoy es cómo hacerlo funcionar de manera correcta y a una escala mayor”.

El interés de ANGI en la América Latina se hizo patente el año pasado, cuando desde la asociación italiana se empezaron a generar contactos y relaciones para realizar proyectos conjuntos entre emprendedores e innovadores de Argentina e Italia.

“Las soluciones que tengan que ver con la desmaterialiación, con la comunicación, con hacer posible transacciones e intercambio de datos de una manera segura y a distancia, es lo primero que va a empezar. Esto puede ir desde algo cotidiano, como nuevos tipos de cerraduras que eviten el contacto hasta contratos y transacciones que se hacen de un modo inmaterial”, explica el especialista.

Desmaterialización

Entre las innovaciones exploradas por ANGI, Morganti destaca la desmaterialización de datos en un registro descentralizado, sin un centro que los concentre, como ocurre con la nube.

“Los datos –explica–están difundidos en una red hecha por nudos, encriptados y con un nivel de seguridad altísimo y que son inmodificables, tanto que se puede utilizar para criptodivisas. Ahora, este mismo concepto se puede adaptar a cosas que no son solo monedas virtuales, como por ejemplo a una cartilla médica, que estaría solo accesible al usuario y a quien este disponga”.


Otro experiencia de alto impacto tiene que ver con la utilización de este tipo de tecnología en el terreno económico. “Podemos imaginar una moneda virtual que permita generar proyectos de inclusión, sumando también la bancarización de todo un sector informal, a través de una aplicación en el celular y a gran escala, vinculando los datos de manera inmaterial y con máxima seguridad”.

“La pandemia está haciendo de catalizador para que ciertos procesos que, probablemente, iban a generarse ahora estén más cerca de lo que se pensaba”, asegura Morganti, magister en Economía para Arte Cultura y Comunicación de la Universidad Bocconi de Milán.

En cuanto al escenario que la innovación tecnológica abre a la relación entre Italia y Argentina, el experto asegura que “Argentina es un país que a nivel innovación es muy interesante. En América Latina hay unos 15 unicornios (empresas tecnológicas de alto nivel de capitalización) y cuatro de ellos son argentinos.También tiene los recursos humanos que generan contenidos, ideas y soluciones muy atractivos, con resultados que incluso superan las condiciones de base”.

Además, destaca que en “Argentina, cuando algo se empieza a implementar y funciona, toma terreno rápidamente, mientras que en otros países los procesos suelen ser más lentos”. Por lo que “se están observando las oportunidades que puedan surgir y cómo se pueden conectar con empresas que dan servicios parecidos en Italia, incluyendo el intercambio de experiencias, tanto de emprendedores individuales como de compañías ya instaladas”.

Descentralización vs Nube

De la mano de las innovación tecnológica la pandemia plantea interrogantes sobre temas cruciales, como la inclusión social y la democracia a nivel global, que si bien estaban ya estaban presentes ahora se generalizaron.

"La tecnología siempre es un instrumento y como tal depende de la manera en que se utilice”, advierte Morganti y agrega que "con registros transparentes e inmodificables, que dependen de cada individuo, se puede ampliar incluso las posibilidades tanto en términos de inclusión social como de democracia y contribuir a que no se limiten”.

Para el representante de ANGI de lo que se trata es de “buscar un equilibrio entre la seguridad pública y la información de cada individuo”. “La tecnología que permita respetar la privacidad –destaca- pero disponer de los datos y guardarlos de forma segura puede llevar a ese equilibrio, que hoy todavía no sabemos si es un equilibrio temporal o es un nuevo paradigma que viene para instalarse”.

La tecnología siempre es un instrumento y como tal depende de la manera en que se utilice”


Sin embargo, Morganti advierte que este debate ya estaba presente en el mundo tecnológico. “La arquitectura que está detrás de la tecnología es la que debe servir para garantizar los derechos individuales y para que sea difícil su manipulación, por lo que es importante que esa arquitectura organice los datos de manera descentralizada, que no sea una unidad central la que los tenga sino toda la red”.

Para el especialista se trata de “resguardar los datos de manera segura, accesibles siempre con el consentimiento de cada individuo y a través de parámetros automáticos que sólo abran la parte que es necesaria. El equilibro esta dado en buscar la necesidad, darle solución y evaluar cuál es la tecnología que permite resguardar toda la información que está circulando”.


Entre las innovaciones exploradas por ANGI, Morganti destaca la desmaterialización de datos en un registro descentralizado como la blockchain, sin un centro que los concentre, como ocurre con la nube.

Además, recuerda que “la mayoría de las acciones que llevamos adelante hoy en día con los celulares, con las aplicaciones que utilizamos, nos metieron en un terreno que no muchas veces consideramos, por lo que quizás ‘descentralización versus nube’ nos permite pensar nuevas garantías”.

Morganti ejemplifica con que en Italia ”la aplicación sobre el Covid generó cierto resquemor en torno a la privacidad pero a la vez ya utilizábamos aplicaciones que nos geolocalizan todo el tiempo.
Estamos ante un problema que la pandemia parece haber disparado pero que era un debate que ya estaba, que parecía ser de nicho y ahora nos interesa a todos”.

Entre la celebración acrítica de la innovación tecnológica (y de las nueva tecnología en general) y su versión más apocalíptica y distópica, se abre un camino cuyo futuro dependerá de los gobiernos pero también de los ciudadanos.
Un camino que empezamos a recorrer antes de la pandemia y que ahora se volverá más urgente que nunca.