La imagen puede contener: una persona, barba y textoPor Pipo Rossi

Cuando Hernán Cortés llegó a Tenochtitlán, el 8 de Noviembre de 1519, Moctezuma II se mostró débil frente a su enemigo e intentó ganarse su confianza, alagándolo. Pero, Rápidamente, vio como hasta su propio pueblo lo desaprobaba al contemplar las barbaridades que hacían los Europeos, saqueando su ciudad. Para colmo de males, y ante el descontento popular, Cortés tomó prisionero a Moctezuma II.

Frente a ese agravio, el Consejo Azteca lo remplazo (a Moctezuma) por Cuitláhuac, quién incitó a la rebelión. Ante la gravedad de la situación, Cortés mando a Moctezuma que saliera a calmar a la gente que rodeaba el Palacio de Gobierno. Así lo hizo, pero la multitud le arrojó una lluvia de piedras, una de las cuales le hirió gravemente en la cabeza y murió en pocos días.

Los españoles no tuvieron más remedio que huir en la noche. A ese episodio se lo conoce como “Noche Triste”, pues fueron sorprendidos y masacrados en la cobarde huida.

No obstante, regresaron con refuerzos y la ayuda de Totonacas, Tlaxcaltecas y los de Texcoco (todos ex-aliados de los Aztecas). Para complicar la situación, se desató una epidemia de viruela que hizo estragos en los habitantes de la ciudad sitiada. Muerto Cuitláhuac, le sucedió Cuauhtémoc (El Águila que Cae).

Ya comenzando el año 1521, los españoles habían regresado para el ataque final, con 15 barcos y una enorme cantidad de canoas de los pueblos originarios aliados.

Tras el último ataque a Tenochtitlán, fueron destruidos la mayoría de los palacios y el edificio de la Gran Biblioteca fue incendiado.
Cuauhtémoc fue tomado prisionero. Para que revelara donde estaban los tesoros de la ciudad, lo pusieron sobre una parrilla y le quemaron despacio las plantas de los pies. A los otros jefes, los mandaron destrozar por perros feroces. Así, en el marco de tanta ambición y crueldad, llega a su fin Tenochtitlán y la Confederación Azteca.