Por Pipo Rossi

Con el Estado Nacional a punto de consolidarse en Argentina, de la mano de los acuerdos y pactos entre grupos oligárquicos provinciales, una cuestión problemática, para ciertos sectores de poder, había sido el “desierto” que era dominado por diversos grupos indígenas. De esta manera, luego de varios roces fronterizos y campañas previas (como la del Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas, en 1833-34), muchos sectores de poder consideraron "que Argentina debía ocupar esta porción de territorio y ponerla en producción en el marco de la división internacional del trabajo, que demandaba lana y tierras". Así, el objetivo de la campaña era la expansión del Ejército y el Estado argentino.

También, el contexto internacional favorecía a Argentina, debido a las tensiones latentes entre Chile y Perú-Bolivia, "que meses más tarde explotó en la contienda conocida como la Guerra del Pacifico".

Posteriormente, el Presidente argentino, Doctor Don Nicolás Avellaneda, creo la “Gobernación de la Patagonia”, que fomento la expansión tierra adentro del Ejercito "junto a sacerdotes, médicos y periodistas" (que fueron liderados por el General Julio Argentino Roca, quien tomó el mando de la expedición que se adentró tierras abajo del Río Negro).

Así, el 11 de Octubre de 1878, comenzó la primera fase de la conocida “Campaña del Desierto”, que fue un éxito, ya que "el Ejército argentino contó con armamento prusiano y británico por lo que se facilitó parte del avance". Sin embargo, hubo resistencia de algunos grupos en las tolderías y estos fueron destruidos con relativa facilidad al cabo de pocos meses.

Finalmente, "se estima que esta primera fase se cobró la vida de 2.000 indígenas, más otros 20.000 que cayeron prisioneros, y el sector norte de la Patagonia quedó en manos del Estado argentino".

Luego, entre 1880 y 1885, Argentina continuó expandiéndose hacia el Sur "hasta llegar a Santa Cruz, adjudicándose casi toda la Patagonia".