Por Pipo Rossi

El General Don José Francisco de San Martín nació, en Yapeyú (Corrientes), el 25 de Febrero de 1778, “siendo el quinto y último hijo del Señor Don Juan de San Martín y de la Señora Doña Gregoria Matorras”. Más tarde, desde muy pequeño, “lo mandaron a estudiar a España”.

Luego, en 1812, regresó a su tierra natal y el Primer Triunvirato del Río de la Plata lo incorporó a los ejércitos revolucionarios, “otorgándole la misión de crear un Regimiento de Granaderos a Caballos”. Con éste, “realizó su bautismo de fuego, en el Combate de San Lorenzo”.

También, ese mismo año, se casó con Doña Remedios de Escalada, “una Señorita de la sociedad porteña de 14 años de edad”.

Posteriormente, luego de reconstruir el Ejército del Norte, fue nombrado Gobernador del Cuyo, “donde se dedicó a organizar el Ejército de los Andes (entre 1816 y 1817), para concretar su Plan Continental de liberar Chile y Perú”.

Más tarde, el 12 de Enero de 1817, inició el Cruce de los Andes, “realizando gran parte del mismo en camilla, por su estado de salud”.

Ya en suelo Chileno triunfó, el 12 de Febrero, en la Batalla de Chacabuco y luego entró en Santiago, “donde declaró la Independencia de ese territorio”. Al año siguiente, fue derrotado en Cancha Rayada pero, el 5 de Abril de 1818, obtuvo una gran victoria en la Batalla de Maipú, “donde derrotó totalmente al ejército realista”. Desde ese momento, su objetivo fue liberar Perú, “corazón del poder español en Sudamérica”.

En 1821, ya en Lima, declaró la Independencia de ese país y fue Proclamado “Protector del Perú”, realizando una importante obra de gobierno.
Más tarde, en 1822, se reunió con el General Don Simón Bolívar, en Guayaquil (Ecuador), y “le entregó la conducción del ejército independentista”.

Posteriormente, “renunció a sus cargos y se retiró de la vida pública”.

En los últimos días de su vida, el General Don San Martín “estaba cansado y enfermo. Sufría “asma, reuma y úlceras”. Además, desde 1849, “se había quedado ciego”.

El 17 de Agosto de 1850 amaneció nublado en Buologne Sur Mer (Francia). “El General Don San Martín desayunó y, posteriormente, le pidió a la Señorita Doña ´Merceditas´ (su hija) que le leyera los diarios. Tras el almuerzo sintió unos fuertes dolores de estómago, consecuencia del cual fue llevado a su cama donde falleció, aproximadamente a las tres de la tarde, pensando cuando podría volver a su Patria natal”.

Como puede observarse, durante su vida, el General Don José Francisco de San Martín fue uno de los grandes conductores de la Historia universal, una figura que trasciende el ámbito militar para proyectarse como un gran estratega y conductor político. Con su visión percibió claramente cuál era el camino que debían transitar los Pueblos americanos si querían constituirse en naciones libres y soberanas. Cumplió la gesta que lo llevó a ser uno de los Libertadores de América, sin abandonar jamás un palmo de terreno ni sentir el temor del fracaso. Se negó, a la vez, a participar de cualquier enfrentamiento entre compatriotas. Su obsesión fue la libertad de su Patria. He aquí la razón de su mandato: “seamos libres, que lo demás no importa”.

Finalmente, desde su época, el Libertador también nos enseñó que no es posible encarar un proyecto común de país sin unidad nacional; condición necesaria para superar cualquier desafío y alcanzar los sueños más anhelados. Por ello, la gesta sanmartiniana, nos recuerda que hubo argentinos que pudieron vencer todos los obstáculos y que, con coraje, valor, honradez e inteligencia, se puede servir en la construcción de un país más justo, libre e igualitario, donde la educación, la justicia, la salud, cumplan un rol social importante, pero en un marco en el que se garanticen los derechos humanos básicos a todos sus ciudadanos, concretando, en un corto plazo, el país que el General Don San Martín soñó.