La imagen puede contener: texto y aguaPor: Pipo Rossi
La segunda Gobernación de Buenos Aires del Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas, entre 1835 y 1852, estuvo jaqueada por numerosos conflictos internacionales ante los cuales el Primer Mandatario Porteño respondió con firmeza en defensa de la soberanía Argentina. Entre los más importantes, figuran los bloqueos al puerto impuestos por Francia e Inglaterra. El “Primer Bloqueo Francés”, que se desarrolló entre 1838 y 1840, fue consecuencia de la política de la corona francesa de ganar territorio en ultramar y la excusa fue “la obligación de los ciudadanos extranjeros de alistarse en las tropas federales para pelear contra los unitarios y la detención del francés Bacle, acusado de conspiración”. Tras la derrota de los unitarios, aliados a los franceses y al Gobierno de la República Oriental del Uruguay, se firmó un tratado de paz, en 1840.

El “Segundo Bloqueo” se inició en 1845 a raíz de la intervención de la Santa Confederación Argentina, que lideraba el Brigadier General Don Rosas, en la política del Uruguay. “El Restaurador de las Leyes, que estaba enfrentado al Gobierno Uruguayo del General Fructuoso Rivera, había ordenado al General Don Manuel Oribe el sitio de Montevideo, en 1843, y el cierre de la navegación por los ríos Paraná y Uruguay”. El General Rivera y los emigrados argentinos, la mayoría unitarios, pidieron la intervención de Francia e Inglaterra. Luego, frente a la inminencia del avance de las naves anglo- francesas por el Paraná”, el líder de la Santa Confederación, Brigadier General Don Rosas, “decidió levantar una fortificación a orillas de ese río”, a la altura de “la Vuelta de Obligado”. Así, “armó cuatro baterías y tendió tres gruesas cadenas de costa a costa pero, pese al heroísmo de los defensores, el 20 de Noviembre de 1845 once naves invasoras lograron pasar el sitio”. El Combate fue intenso, en el que los argentinos, comandados por el General Don Lucio Norberto Mansilla, “lucharon con bravura y valentía”, cobrando numerosas víctimas (280 muertos en total).

Posteriormente, como expresó la Historiadora Doña Ana María Balbi, “una embarcación inglesa comenzó la persecución de la (goleta) Chacabuco y demás embarcaciones (argentinas, ubicadas en el Paso de la Ramada). El Coronel Don Francisco Erézcano, a cargo por entonces del mando, recibió órdenes de retirarse a la Victoria (Entre Ríos) sin presentar combate. Igualmente fue alcanzado por el vapor Fire Brand, la arremetida era inminente, sin embargo la nave extranjera encalló y (el Coronel Don) Erézcano hundió un pailebot e hizo volar la goleta Chacabuco.

Villa la Victoria, bajo la coordinación del Comandante Don Francisco Arce, se preparó para un posible ataque, que finalmente no se concretó, pues el barco inglés retrocedió al ver frustrado su objetivo de tomar la Chacabuco, que continuó hundida en el riacho”.

Más tarde, en 1846, la Flota Anglo-Francesa "decidió volver sobre sus propios pasos y salir hacia la desembocadura del Río de la Plata, después de haber sido su campaña un total fracaso económico y militar". Ante este panorama, en la Provincia de Santa Fe, los argentinos "planificaron un ataque sorpresa que forzó una retirada aún más rápida. Para esta confrontación, los cañones de la Santa Confederación habían sido emplazados por el General Don Mansilla en lo alto de una barranca, totalmente fuera del alcance de la artillería enemiga, de modo que los buques y sus hombres “no tuvieron más remedio que hacer lo posible para huir del lugar lo más pronto que se pudiese”.
Finalmente, el 4 de Junio, se libró la Batalla del Quebracho. Así, "ante el feroz ataque sorpresa de los argentinos (cercanos a la localidad actual de Rosario), los mercantes se hundieron en medio del caos". Además, "los vapores de guerra Harpy y Gorgon resultaron seriamente dañados".

La noticia del enfrentamiento despertó una gran conmoción en los países americanos, quienes dejaron de ver al Brigadier General Don Rosas con antipatía y pasaron a apoyar a la Santa Confederación Argentina. Paralelamente, “el General Don José Francisco de San Martín, desde el exilio, envió una carta al Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas expresándole su apoyo y felicitación por haber defendido la soberanía”.

Finalmente, el 15 de Julio de 1847, “Inglaterra dispuso el levantamiento del bloqueo, mientras que Francia lo hizo un año después”, el 16 de Junio de 1848. A partir de esa fecha, las potencias extranjeras han solicitado permiso a los gobiernos argentinos para ingresar al país, respetando la soberanía nacional.