El debate de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo dejó a la sociedad en posición de guardia de boxeo. Este jueves, por citar sólo un caso, un grupo de alumnas del CPEM 6 insultó a otras y hasta las invitó a pelear por su posición respecto al tema. No vale la pena decir cuáles tenían el pañuelo verde y cuál el celeste. Pero es bueno recordarles a todas que estamos en democracia….

Lo bueno del tema es que haya pañuelos verdes y celestes. Eso es lo saludable, lo sano. De eso se trata: que coexistan.

El juego no es golpear o insultar al otro. Le guste a quien le guste vivimos en un estado de Derecho donde todos somos iguales ante la Ley.

Y lo otro muy saludable es el derecho de cada uno a expresarse, a fijar posición, a buscar argumentos y a definir su postura apelando a su razón, su sentir, su parecer...

No tenemos que pensar todos iguales, tenemos que tolerarnos y construir juntos un país donde todos podamos vivir…

Hubo cuestionamientos al CPEM 51. Pero es bueno señalar que primero hubo una charla de pañuelo celeste y luego otra de los verdes. Hay argumentos de todo tipo. Que una la hizo la dirección y la otra las alumnas... son anécdotas: se hicieron.

Hasta hubo grupos que se quejaron por las charlas sobre la postura con la que no coincidían: eso es hacer política. Es tratar de que haya una sola campana, es el intento de sacar ventaja callando a los otros…

Hay un sector de la sociedad que parece festejar el triunfo. Pero esto no es un partido de fútbol, una batalla de hinchadas que puede terminar en guerra. No ganó nadie, se impuso un criterio, una forma de dar legalidad a una situación en una votación ajustada.

Ambos grupos se expresaron – a su forma y con sus criterios – a favor de la vida. Es bueno decir que el que piensa de otra forma también tiene vida.

Dijo Abraham Lincoln alguna vez: “No me gusta ese hombre. Lo debo conocer mejor”.

Y San Martín aportó: “Mi sable nunca saldrá de la vaina por opiniones políticas”.