La imagen puede contener: 3 personasPor: Pipo Rossi

“La generación del 37 y sus epílogos de Pavón, fiel a su concepción europeizante, se dedicaron con fruición a condenar en todos los extremos la herencia hispánica y a ponderar hasta la excelsitud las delicias del racionalismo inglés y del libérrimo espíritu de Francia”. Además, “estaban convencidos de que el tecnicismo estadounidense era producto de la herencia anglosajona”. Paralelamente, “sostenían que la molicie criolla derivaba de la holgazanería indígena apoyada en la inopia cultura hispánica”.

Lo español “tenía que ser opaco, necio malo, y todos los defectos de los hispanoamericanos llevaban los estigmas heredados del indio salvaje y del español inculto”. La civilización debía reemplazar esta “raza bárbara”, decían las élites conservadoras.

Apunta el Historiador Don Gabriel del Mazo: “Desaparecido el indio con la técnica del rémington, negado lo español, despreciado el criollo y el gaucho, quedaba rota la tradición y sofisticada nuestra autonomía”. Y es claro que si el Doctor Don Hipólito Yrigoyen llamaba “Regeneradora” a la Causa que acaudillaba, “tenía que revisar esos valores que el Régimen había oficializado”.

Además, en sus días, era anhelo generalizado reivindicar lo hispanoamericano, como lo expresa el Manifiesto Preliminar de la Reforma Universitaria: “La juventud argentina de Córdoba a los hombres de Sud América; creemos no equivocarnos; las resonancias del corazón lo advierten; estamos pisando una revolución; estamos viviendo una hora americana”.

Es por lo antes expuesto que el Presidente de la Nación Argentina, Doctor Don Yrigoyen, que asumió el 12 de Octubre de 1916 (424º aniversario del arribo de Cristóbal Colón), quiso dar a esa fecha coincidente “un contenido tradicionalista de profunda raigambre indo-hispánica”, y el 4 de Octubre de 1917 expidió un decreto por el que declaró fiesta nacional el 12 de Octubre, imprimiéndole el carácter de “Día de la Raza”.

Tanto España como los países de estirpe hispánica aceptaron con júbilo ésta resolución, ya que el gran Caudillo Radical, claramente “creía firmemente en la hermandad hispanoamericana y que esos pueblos habrán de afirmarse y sostenerse en el destino común heredado por la sangre y la historia”.