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Por: Pipo Rossi

Gran Bretaña había ocupado ilegalmente las Islas Malvinas, en 1833, generando, por parte de la Argentina, un reclamo incesante por sus derechos sobre el Archipiélago austral.

En 1982, durante la Presidencia de Facto de la Nación Argentina del General Leopoldo Fortunato Galtieri, la Dictadura Cívico-Militar, que había llegado al poder en 1976, mostraba un deterioro evidente. Así, el 30 de Marzo, una enorme manifestación organizada por la Confederación General del Trabajo (CGT), que respondía al Señor Saúl Ubaldini, marchó a Plaza de Mayo, “exigiendo una rectificación de la política económica”, pero fue reprimida de forma violenta, “con un muerto y varios heridos”.

Tres días después, el 2 de Abril, “tropas argentinas desembarcaron en Malvinas y recuperaron el territorio austral”. La sociedad apoyó la iniciativa heroica, “realizando concentraciones en Plaza de Mayo y otros espacios públicos”.

El pretexto de ésta operación militar fue un incidente ocurrido en las Islas Georgias (también en poder británico y cuya soberanía reclama nuestro país) donde, unos días antes (en Marzo), “un grupo de operarios de la Argentina fue enviado a dicho lugar para desmontar una factoría ballenera”. Nuestro país mandó un Buque de Guerra para protegerlo y Gran Bretaña otro para desalojarlos.

El 3 de Abril la Primer Ministra Británica, Señora Margaret Thatcher (“que enfrentaba una complicada situación económica y social en su país”, al implantar políticas neoliberales), “aprovecho el conflicto para mejorar su imagen y anunció el envío de una flota, con el objetivo de recuperar las islas, si fracasaban los intentos diplomáticos”.

Paralelamente, el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) “exigió el retiro de las tropas Argentinas con la Resolución 502”, pero fue desoído por la Junta Militar. Igualmente, Naciones Unidas y los Estados Unidos intervinieron como mediadores, sin poder evitar el conflicto armado.

Posteriormente, Gran Bretaña “impuso un bloqueo naval y una zona de exclusión sobre el área en conflicto” y, a fines de Abril, atacó posiciones argentinas en las Islas Georgias. En las Malvinas los combates comenzaron el 1 de Mayo, “cuando fueron rechazados tres intentos de desembarcos de los británicos”.

Más tarde, las Naciones Unidas propuso “el retiro de las fuerzas de ambos países y el inicio de negociaciones”, pero ni esta propuesta, ni las del Presidente Peruano, Señor Don Belaúnde Terry, prosperaron y el conflicto se intensificó.

Luego, a fines de Mayo, los británicos desembarcaron en Puerto San Carlos y, en Junio, los combates se desarrollaron a 20 kilómetros de Puerto Argentino (Capital de las Islas). Las tropas argentinas, poco entrenadas, mal equipadas y con un armamento muy inferior al de los británicos, pudieron hacer poco, pese al heroísmo de nuestros soldados y algunos éxitos de la aviación naval.

Finalmente, ese mismo mes, el Papa Don Juan Pablo II viajó a la Argentina e hizo un “fervoroso llamado a la paz”. Unos días después, el 14 de Junio (tras cruentos combates), el General Mario Benjamín Menéndez, que estaba a cargo del archipiélago con el título oficial de Gobernador, y el Comandante Jeremy Moore, jefe de las fuerzas británicas, “acordaron la rendición Argentina”.

La Guerra de Malvinas duró 74 días y provocó la muerte de unos 700 argentinos y de 255 británicos.

En Argentina, éste acontecimiento marco la derrota total del Proceso Militar y, posteriormente, el retorno a la democracia en 1983.

Hoy, pese al paso del tiempo, los reclamos por nuestra soberanía sobre el archipiélago austral siguen vigentes, esperando que algún día vuelva a flamear la bandera celeste y blanca en todo el territorio nacional.