Por: Mg Pipo Rossi


El Señor Don Sebastián Gaboto, Veneciano y Piloto Mayor de España, capituló con el Emperador Don Carlos V, el 4 de Marzo de 1525, “para ir al Maluco, Tarsis, Ofir, Cipango (Japón) y Cathay (China), por el Estrecho de Magallanes, a comerciar sus riquezas”.

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La expedición partió de San Lucas de Barrameda (España), el 3 de Abril de 1526, “con cuatro naves y 210 hombres”. Pasó por las Canarias y el Cabo Verde. Atravesó el mar y llegó a las costas de Brasil donde, en Pernambuco, encontró a náufragos de la expedición del Señor Don Juan Días de Solís, “quienes le hablaron de la Sierra de la Plata (o región donde abundaba este metal)”, a la que, según ellos, se podía llegar entrando por el Mar Dulce y navegando después por el que los Pueblos Originarios denominaban “Paraná”. Decidido el Señor Don Gaboto a demorar su viaje para tratar de encontrar la extraordinaria sierra, “puso proa al Mar Dulce” y dejó abandonados a quienes no compartían sus propósitos de variar el derrotero proyectado.

El 21 de Febrero de 1527 llegó al Mar Dulce y, en Abril, toco tierra en un punto que llamó San Lázaro, en la Banda Oriental, donde halló al Señor Don Francisco del Puerto, sobreviviente de la expedición de Don Solís, quien también le dio noticias sobre la existencia de metales preciosos aguas arriba. Así, en la confluencia de los ríos Carcarañá y Coronda (Santa Fe), el Señor Don Gaboto levantó, el 9 de Junio, el primer fuerte en el actual territorio argentino, al que denominó Sancti Spiritu (Santo Espíritu). “Esta primera fortaleza española en la región era precaria de barro y madera, rodeada por una veintena de ranchos destinados a los tripulantes”. De inmediato “se sembró trigo, cebolla y abatí (maíz) para alimento de la población”.

Al principio la convivencia con los nativos fue pacífica y las mujeres indígenas fueron dadas a los extranjeros, como concubinas y trabajadoras. Pero muy pronto se desencadenaron los conflictos debido al régimen de tareas que exigían los recién llegados.

Mientras el Señor Don Gaboto se abocaba a la expedición del Paraná, en busca de la Sierra del Plata, uno de sus Capitanes, el Señor Don Francisco César, marchó por tierra en pos del mismo objetivo pero en dirección del sudoeste, con 15 hombres. Se supone que se internó hasta la serranía del actual San Luis, un periplo que la imaginación de sus contemporáneos convirtió en la “Leyenda de la Ciudad de los Césares”.

La llegada de un marinero veterano de otras expediciones, el Señor Don Diego García, vecino de la Villa de Moguer, “con dos bergantines y 60 hombres”, estuvo a punto de provocar una lucha por el poder entre los dos jefes, en 1528.

Hallándose el Señor Don Gaboto en San Salvador (probablemente en dicho año), habría despachado en un navío al Capitán Don Juan Álvarez y Ramón a explorar el río Uruguay, “con dos botes y una carabela”. En su navegación habría llegado a un sitio “donde no podía avanzar más por las formaciones rocosas existentes en el río”. El Historiador Entrerriano Don César Blas Pérez Coman supone por ello que el Capitán Don Álvarez y Ramón “habría llegado un poco al sur de la actual ciudad de Concordia”. El citado Capitán, a su regreso, “cayó en manos de los Charrúas, de los cuales finalmente logró huir”. Admitiendo esta navegación de Don Álvarez Ramón debemos convenir que, con el Señor Don Gaboto y sus compañeros, el territorio entrerriano quedó en gran parte  visualizado desde su periferia fluvial.

Al año siguiente, en 1529 (mientras los Señores Don Gaboto y Don García discutían sus respectivos derechos), los Pueblos Originarios “procedieron a destruir Sancti Spiritu”.

En la época colonial era creencia común que este ataque se gestó por culpa del amor contrariado del Cacique Don Siripo “por la bella española Doña Lucía Miranda, esposa de uno de los soldados”. Así lo afirma el Señor Don Ruy Díaz de Guzmán, el primer Historiador criollo del Río de la Plata. Sin embargo, ningún dato fehaciente respalda esta romántica leyenda que justifica la catástrofe del fuerte en la pasión, la venganza y los celos.

Finalmente, a fines de 1529, el Señor Don Gaboto se apresuró a volver a España “dejando abandonados a varios de sus compañeros”. Por su desobediencia y por las crueldades cometidas contra su propia gente, “fue sometido a juicio” en la Península Ibérica. Pero debido a sus indicios de riqueza que había encontrado, unas piezas de metal que tenían los nativos, el río de Solís (o Mar Dulce) empezó a ser conocido como Río de la Plata.