Por: Mg Pipo Rossi

El 22 de Mayo de 1810, con la votación del “Cabildo Abierto”, llegó a su fin el Régimen Colonial Español en el Río de la Plata.

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Al día siguiente, el miércoles 23 de Mayo, el Cabildo Ordinario de Buenos Aires resolvió “dejan sin efecto la continuación de la asamblea” y practicar, con “el más prolijo esmero”, el escrutinio de los votos emitidos el día anterior. Éstos, muy variados (pues cada votante debió justificar su decisión por escrito), podían reducirse en dos grupos: “69 por la continuación del Virrey Don Baltasar Hidalgo de Cisneros y Latorre y 155 por su deposición”. De los partidarios de la cesantía, “87 delegaban el mando en el Cabildo hasta tanto se constituyera una Junta de Gobierno en la forma y modo que el Cabildo reglamentase”, pero de manera “que no quede duda de que el Pueblo es el que confiere la autoridad o mando”. Conforme a la voluntad de la mayoría, los cabildantes declararon al Señor Don Cisneros y Latorre separado del cargo de Virrey “a pluralidad con exceso” (es decir, por mayoría aplastante).

Pero a esta providencia agregaron otras dos, violatorias de la expresión auténtica del Cabildo Abierto:

1) Designaron por su propia autoridad la Junta de Gobierno, sin dar directa o indirectamente participación al Pueblo.

2) Dieron a esa Junta carácter interino, “mientras se congregan los Diputados Provinciales que han de establecer la forma de Gobierno”.

Llevando aún más lejos su posición, el Cabildo comunicó al Señor Don Cisneros y Latorre que continuaría en el mando, “con algunos acompañados” de ulterior designación. El propio Virrey,  alarmado ante tal propósito, indicó la necesidad de consultar previamente la opinión de los Jefes Militares, pues la resolución anunciada “no parecía del todo conforme con los deseos del Pueblo”.

Los temores del Virrey no tardaron en verse confirmados por la actitud del Doctor Don Manuel Belgrano y el Coronel Don Cornelio Saavedra quienes, “invocando la decisión de las milicias, exigieron la inmediata promulgación por bando de la cesantía del Virrey”. Esa misma tarde, el Pregonero, escoltado por un destacamento de Patricios, recorrió las calles anunciándola en voz alta.

Más tarde, el jueves 24 de Mayo, el Cabildo de Buenos Aires designó, a las nueve de la mañana, una Junta de Gobierno presidida por el mismísimo Señor Don Baltasar Hidalgo de Cisneros, “quien conservaba el mando militar, sus rentas y preeminencias”, e integrada por cuatro vocales: el Coronel Don Cornelio Saavedra, el Doctor Don Juan José Castelli, el Cura Párroco de Monserrat, el Señor Don Juan Nepomuceno Solá, y el Comerciante español, Señor Don J. Incháurregui. Los dos primeros representaban la tendencia “Patriota”; los otros dos, oscilaban entre la tendencia “realista” y una postura indefinida. Fundaba el nombramiento del Señor Don Cisneros en que su separación absoluta podía originar la disconformidad de las provincias, “o al menos suscitar dudas sobre el punto decidido”, o sea, sobre el derecho de Buenos Aires para proceder así.

“La designación figura en el primer punto de un reglamento de trece artículos, que reservaba al Cabildo la facultad de vigilar la conducta de la Junta e intervenir si faltaba a sus deberes, adjudicándole otras atribuciones ajenas a su carácter municipal”.

Obtenido el consentimiento de los electos, y también el de los diez Jefes de Tropas (se pensó que la figura del Señor Don Cisneros podía ser prenda de unidad política), “el Cabildo tomó juramento a los miembros de la Junta, entre salvas de artillerías y repique de campanas”.

Parecía que, por el momento, triunfaban los grupos vinculados con el comercio monopólico. Pero, una vez que se conoció el nombre de los integrantes del nuevo Gobierno, estalló el descontento general, “rugido popular que partiendo de los suburbios repercutió en los barrios centrales y los cuarteles”. Los Patricios y Arribeños tomaron las armas, y los oficiales de ambos cuerpos recriminaron al Doctor Don Castelli su conducta, “advirtiéndole que no acatarían las nuevas autoridades”. El Doctor Don Castelli, persuadido de su error, “prometió renunciar juntamente con el Coronel Don Saavedra”.

A las nueve y media de la noche, “la Junta elevó por nota su renuncia colectiva”, aconsejando su sustitución por otras personas “que puedan merecer la confianza del Pueblo”.
Los Patriotas, por su parte, volvieron a reunirse en la casa del Señor Don Nicolás Rodríguez Peña, donde el núcleo más importante discutió hasta la madrugada, y resolvió “mantener acuarteladas las fuerzas, desconocer la autoridad de la Junta (en caso de no aceptarse la renuncia), imponer al Cabildo la lista de los componentes del nuevo Gobierno y enviar una expedición militar al interior, para garantizar el libre pronunciamiento de los Pueblos”.

Finalmente, al amanecer del día 25 de Mayo (en una mañana fría y lluviosa), reducidos grupos de criollos se formaron en diversos lugares de la Plaza Mayor. “Estos hombres llevaban brazaletes y cintas en la solapa o sombrero”. Obedecían a jóvenes entusiastas (apodados “chisperos”), a cuyo frente estaban los Señores Don Domingo French y Don Antonio Beruti. En ese marco climático, “los frecuentes aguaceros los obligaron a buscar refugio bajo las arcadas del Cabildo y de la recova”.

A las 8 de mañana se reunió el Cabildo de Buenos Aires, a puertas cerradas, “para rechazar la renuncia de la Junta del 24, encabezada por el ex Virrey”. Enterados los Patriotas “ingresaron a la sala exigiendo la deposición del Señor Don Cisneros y Latorre”.

Ante los hechos consumados, el Cabildo convocó a los Jefes Militares para ver si contaban con ellos. De los catorce concurrentes, “once respondieron de forma negativa, aconsejando la renuncia del ex Virrey”. Paralelamente, un grupo de personas intentó forzar la puerta del Cabildo a los gritos de: “El pueblo quiere saber de qué se trata”. El Señor Don Martín Rodríguez salió a calmarlos, mientras el Señor Don Antonio Beruti ingresaba al edificio “para exigir la designación de una Junta Gubernativa Provisional integrada por Patriotas”.

A las tres de la tarde, luego de idas y vueltas, los cabildantes salieron al balcón y se procedió a la lectura del acta de nombramiento de la Junta Provisional Gubernativa, encabezada por el Jefe de Patricios, Coronel Don Cornelio Saavedra. Se había constituido el Primer Gobierno Patrio de nuestra historia.

Como puede observarse una de las características de Mayo de 1810 fue la inexistencia de factores de violencia extrema. Es cierto que algunos cuerpos armados, como los Patricios, se mantenían en actitud vigilante, pero la jornada no incluyó una sola gota de sangre. Además, unos días antes (el 22 de Mayo), se había dado un debate ardoroso pero tranquilo y respetuoso sobre la condición del Virreinato, en vista de las noticias que llegaban de España. Fue una discusión donde triunfó la posición más lógica: “ante la caída de las autoridades de la metrópolis (de la que dependía el Virrey) el Pueblo debía designar a su propio gobierno”. Por supuesto que esta virtud pacífica no duró mucho tiempo. Luego de tomar el Gobierno, los Patriotas tuvieron que armar ejércitos para reprimir opositores e imponer sus ideas en la gran extensión del antiguo virreinato, pese a haberse jurado Fidelidad a Fernando VII. Por ello, los hombres de Mayo iniciaron un quiebre con la etapa colonial que finalizó con la Independencia del 9 de Julio 1816.