La imagen puede contener: una o varias personasPor: Mg Pipo Rossi

El viernes 18 de Mayo de 1810 el Virrey del Río de la Plata, Señor Don Baltasar Hidalgo de Cisneros y Latorre, comunicó, mediante una Proclama, la caída de la Junta Central de Sevilla (España) en manos de los ejércitos napoleónicos y apeló a la fidelidad de los vecinos, recomendándoles “mantener la calma”.

Pese a las ilusiones del Virrey, de que todo transcurriera según su voluntad, la misma noche del 18 de Mayo los Patriotas se reunieron en la casa del Señor Don Nicolás Rodríguez Peña y decidieron exigirle al Señor Don Cisneros la convocatoria a un Cabildo Abierto, con el fin de tratar la situación en que quedaba el Virreinato.

Al día siguiente, el sábado 19 de Mayo, el Coronel Don Cornelio Saavedra, Jefe del Regimiento de Patricios, y el Doctor Don Manuel Belgrano entrevistaron al Alcalde de Primer Voto del Cabildo de Buenos Aires, Señor Don Juan José Lezica, pidiendo el apoyo de los cabildantes para gestionar ante el Virrey la convocatoria de un Cabildo Abierto, con la prevención de que en caso de no accederse “lo haría por sí solo el pueblo”. Al mismo tiempo, y con igual propósito, el Doctor Don Juan José Castelli visitó al Síndico Procurador Don Julián de Leiva.

Ese mismo día, se serraba nuevamente el puerto de Buenos Aires al comercio Ingles y se consolidaba al monopolio español.

Luego, el 20 de Mayo, el Alcalde de Primer Voto del Cabildo de Buenos Aires, Señor Don Lezica, trasmitió al Virrey la petición recibida y éste consulto al Señor Don Leiva, “quien se manifestó favorable a la aceptación”. Pero, antes de decidirse, el Virrey Don Cisneros reunió en el Fuerte a los Jefes Militares para preguntarles “si podía contar con su apoyo”. El Coronel Don Saavedra contestó en nombre de todos y lo hizo con tibieza. El Virrey Don Cisneros los despidió sin manifestar su pensamiento.

Ese mismo día, al anochecer, los Patriotas acudieron en gran número a la casa del Señor Don Nicolás Rodríguez Peña, donde “los jefes criollos que habían estado en el Fuerte les dieron cuenta de lo tratado”. Después de deliberar, “resolvieron insistir inmediatamente ante el Virrey, por medio de una delegación formada por los Señores Don Juan José Castelli y Don Martín Rodríguez”.

En sus “Memorias”, el Señor Don Rodríguez relata esta entrevista: “El Comandante Don Terrada fue con nosotros, se puso a la cabeza de sus granaderos (de guarnición en el Fuerte) y nosotros subimos. Entramos a la sala de recibo y encontramos allí al Señor Don Cisneros, jugando a los naipes con el Brigadier Don Quintana, el Fiscal Don Caspe y un tal Coicolea, Edecán suyo. Nos dirigimos a la mesa. Tomó la palabra Don Castelli y dijo: Excelentísimo Señor: tenemos el sentimiento de venir en comisión por el Pueblo y el Ejército, que están en armas, a intimar a V. E. la cesación en el mando del Virreinato”.

“A la vez se levantaron todos al oír tal afirmación. El Señor Don Cisneros se volvió lleno de fuego hacia el Señor Don Castelli, diciendo qué atrevimiento era aquél; que cómo se atropellaba la persona del Rey que él representaba; que era el más grande atentado que allí se podía cometer contra la autoridad. El Señor Don Castelli le contestó que no se acalorase, que la cosa no tenía remedio. Entonces tomé yo la palabra y le dije: Señor, cinco minutos es el plazo que se nos ha dado para volver con la contestación; vea V. E. lo que hace.”

“Entonces Don Caspe lo llamó a su despacho; estuvieron un momento juntos; salieron y el Virrey Don Cisneros, más templado, expresó: Señores, ¡cuánto siento los grandes males que van a venir sobre este Pueblo, de resueltas de este paso! Y bien, pues; puesto que el Pueblo no me quiere y el Ejército me abandona, hagan ustedes lo que quieran”.

Más tarde, el lunes 21 de Mayo, los cabildantes, presionados por grupos de Patricios reunidos en la Plaza (“que llevaban cintas blancas en sus sombreros y casacas”), pidieron al Virrey la autorización escrita para convocar un “congreso general”, según el término empleado. Al recibir contestación afirmativa, acordaron celebrarlo al día siguiente, a las nueve, con la participación de la “parte más sana y principal del vecindario” invitadas por tarjetas que mandaron imprimir en el acto.

Finalmente, el martes 22 de Mayo, la reunión del Cabildo Abierto se efectuó a la hora fijada. “Destacamentos de Patricios vigilaban las bocacalles de la plaza y montaban guardia en la puerta del Cabildo de Buenos Aires”.

Se repartieron cuatrocientas cincuenta tarjetas. Existen dudas del número exacto de asistentes; puede aceptarse, sin embargo, el de doscientos cincuenta y uno, poco más de la mitad. “La mayoría de los ausentes pertenecían al bando realista entre los cuales figuran militares, eclesiásticos, empleados, graduados en profesiones liberales, comerciantes y hacendados”. No hay que olvidar que los Patricios, que apoyaban la causa criolla, se encontraban custodiando el ingreso a la plaza.

En la cabecera de la galería tomaron asiento el Obispo, los Oidores, otros funcionarios y los cabildantes que presidían la sesión, “estos últimos sin voz ni voto”.

Abrió el acto el Escribano del Cabildo leyendo un breve discurso, calcado sobre la proclama virreinal del día 18 de Mayo. La sesión duró hasta las 24, es decir, quince horas. A media tarde, el Cabildo hizo circular bandejas con bizcochos y vasos de vino.

Opinó en primer término el Obispo de Buenos Aires, Monseñor Don Benito Lué y Riega, en razón de su investidura, manifestando que: “aun cuando no quedase parte alguna de España que no estuviese subyugada, los españoles que se encontrasen en la América debían tomar y reasumir el mando de ella y que éste sólo podía venir a manos de los hijos del país cuando no hubiese un español en él”.

Le respondió el Doctor Don Juan José Castelli que, “de acuerdo con las leyes de la monarquía, América pertenecía únicamente al Rey, y no al Pueblo español. Si Fernando VII no estaba en condiciones de gobernar, la soberanía quedaba de hecho vacante y debía retornar al Pueblo americano”.

Entonces tomó la palabra el Señor Don Pascual Ruiz Huidodro “abogando por la separación del Virrey, Señor Don Baltasar Hidalgo de Cisneros y Latorre”. Poco después una confusión dificultó la marcha de la asamblea y la anotación exacta de los discursos. En resumen, el Fiscal Don Villota “negó a Buenos Aires el derecho de resolver por sí sola cualquier cambio de gobierno”; El Señor Don Juan José Paso, según la tradición, “le refutó con la teoría de que esta ciudad, por razones de urgencia, podía tomar cualquier resolución que resultase necesaria a todo el país”. Finalmente, fue sometida a votación la cuestión siguiente: “Si se ha de subrogar otra autoridad a la superior que obtiene (desempeña) el Señor Virrey, dependiente de la soberanía que se ejerza legítimamente en nombre del Señor Don Fernando VII, y en quién”.

Los sufragios recogidos fueron 224, “faltando 27 de personas que no votaron o se retiraron antes”.

Dado lo avanzado de la hora, “se levantó la sesión hasta el día siguiente a las 15 horas”.

Con la votación de ese Cabildo Abierto del 22 de Mayo llegó a su fin el Régimen Colonial Español en el Río de la Plata. Lo que aún no estaba definido era quién ocuparía el espacio de poder dejado vacante por la separación del Virrey.