Por Pipo Rossi

El 19 de Febrero de 1945, en el marco de la Segunda Guerra Mundial, se inició la Batalla de Iwo Jima, dentro de la faceta crítica de la “Guerra en el Pacífico”.

Los soldados japoneses juraron defender a muerte su “Isla de Azufre”, frente a los míticos “marines” estadounidenses, en uno de los asaltos más emblemáticos del final de la contienda. La defensa nipona se preparó a conciencia, puesto que excavaron una densa trama de túneles en el monte Suribachi de forma estratégica sin ángulos muertos entre un puesto de defensa y otro para favorecer las ayudas entre ellos.

Además, se creó un sin fin de búnkeres enterrados, trampas y fortificaciones, puestos de artillería camuflados y demás tipos de defensas por toda la isla.

Paralelamente, los estadounidenses pusieron cerco a Iwo Jima, para evitar su socorro desde posiciones japonesas cercanas. Esto se concretó con una gran flota de todo tipo de barcos de guerra: submarinos, destructores, etc., que custodiaron la isla. Así, se movilizaron unos 70.000 marines frente a 21.000 soldados nipones.

Luego, los japoneses permitieron a los marines desembarcar pero, dada la dureza del terreno, a estos les costó mucho avanzar, ya que fueron blancos de ataque directo de la artillería japonesa, ubicada en puntos estratégicos y con mucho camuflaje. Posteriormente, a los soldados estadounidenses que llegaron a los pies del monte Suribachi, se encontraron con los bunker subterráneos que le causaron grandes bajas. A pesar de esto, en los días posteriores, los tanques Sherman y los aviones norteamericanos anularon la artillería japonesa. Con esto, los norteamericanos comenzaron a utilizar los lanzallamas contra los túneles, dando lugar a un éxito rotundo. Los nipones, en su mayoría, prefirieron la muerte a la deshonra de caer prisioneros, por lo que estos cada vez fueron más arrinconados y se vieron más superados en número. Los supervivientes se concentraron en el norte de la isla y realizaron las últimas cargas banzai (ataques frontales) contra los marines, siendo aniquilados en todos los casos.

Cuando la batalla finalizó unos 6.000 estadounidenses habría muerto, a lo que se sumaron casi 25.000 heridos. Por el lado contrario, 20.800 japoneses perdieron la vida, sobreviviendo sólo 200.

Finalmente, el patriotismo desmedido llevó a los estadounidenses a replantearse la invasión a suelo japonés, por lo que se aceleró el plan atómico. En el final de esta batalla, sobre el Monte Suribachi, los norteamericanos sacaron la fotografía “Alzando la bandera en Iwo Jima”, icono en el Pacífico, solo comparable con la bandera en el Reichstag de los soviéticos en Europa.