La imagen puede contener: una persona, textoPor Pipo Rossi

El Señor Don Domingo Faustino Valentín Sarmiento nació, en San Juan, el 15 de Febrero de 1811, “siendo hijo del Señor Don José Clemente Sarmiento y de la Señora Doña Paula Albarracín”. Más tarde, durante su niñez, “fue instruido sólo a nivel primario”, en una humilde “Escuelita de la Patria” levantada en su tierra natal, “pero no pudo seguir la secundaria, ya que una enfermedad le impidió ganar una beca en el Seminario de Loreto (Córdoba) y un sorteo lo dejó fuera del Colegio de Ciencias Morales de Buenos Aires”. A pesar de esto, el Señor Don Sarmiento “no se resignó, leyó cuanto libro pudo y hasta se las arregló para estudiar latín, francés e inglés, con profesores particulares a quienes pagaba hasta con un vaso de vino por lección”.

Posteriormente, con su tío el Presbítero Don José de Oro, “enseñó primeras letras en San Luis”. Tenía ya 15 años y “sus alumnos eran mayores que él”. Luego, “en San Juan, fundó el Colegio de Santa Rosa de América, para Señoritas”.

Más tarde, en Chile (donde pasó gran parte de su vida como exiliado político), “ocupó el cargo de Director de la segunda escuela Normal de América”, escribiendo allí: “Método de Lectura Graduada” (1842) y “Educación Popular” (1848). Además, en aquellos tiempos, “sus viajes a Estados Unidos le permitieron entrar en contacto con el gran pedagogo Don Horace Man, de quién fue discípulo”. Luego, en la función pública, “fundó numerosas escuelas y colegios nacionales a lo largo y a lo ancho del país”. También “el Colegio Militar y la Escuela Naval”. A los 71 años, en 1881, durante la primera Presidencia de la República del General Julio Argentino Roca, “se desempeñó como Superintendente General de Escuelas del Consejo Nacional de Educación”.

En otro orden, en aquella época, fue un gran periodista. Se inició en “El Zonda” (1839), “el periódico que editó en San Juan y tuvo corta duración”. En Chile, “trabajo en El Mercurio, El Progreso, El Heraldo Argentino, La Crónica; y en la Argentina en El Nacional y el Censor”. En sus páginas “escribió violentos artículos en contra de los federales” y, particularmente, del Gobernador de Buenos Aires y líder de la Santa Confederación Argentina, Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas. Además, “publicó varios libros, destacándose Facundo, donde trazó la personalidad del Caudillo riojano Don Facundo Quiroga”.

En lo político, en 1852, participó de la Batalla de Caseros, “acompañando al Ejército Grande del General Don Justo José de Urquiza”, pero su relación con éste se deterioró y el Señor Don Sarmiento volvió a exiliarse en Chile. Al regresar a su país, un tiempo después, “ocupó cargos en el flamante Estado de Buenos Aires, fue Gobernador de San Juan y Ministro de Gobierno del Presidente de la República, General Bartolomé Mitre, quién luego le encomendó la Representación Argentina en los Estados Unidos”.
Al regresar, y cuando el barco que lo transportaba pasó por Río de Janeiro (Brasil), “se enteró que había sido elegido Presidente de la Nación Argentina, asumiendo sus funciones el 12 de Octubre de 1868, acompañado por el Doctor Don Adolfo Alsina, como Vice- Presidente de la República”.

Posteriormente, durante su gobierno, “sancionó el Código Civil y la Ley de Ciudadanía, impulsó la radicación de Inmigrantes (sobre todo europeos), fundó muchas escuelas e hizo traer maestras norteamericanas para que se ocupen de la enseñanza”. Además, “alentó la investigación científica, inauguró (en Córdoba) el primer Observatorio Astronómico del país, abrió nuevos caminos, construyó puentes y extendió la línea férrea”. También, “realizó el primer Censo Nacional de población y creó”, como se expresó anteriormente, “el Colegio Militar y la Escuela Naval”.
Pero su tarea de gobierno, no obstante, “se vio sacudida por el asesinato del Gobernador de Entre Ríos, General Don Justo José de Urquiza (1870), las posteriores Revoluciones Jordanistas en dicha provincia y la epidemia de fiebre amarilla (que se desató en Buenos Aires y costó unos 15 mil muertos, despoblando la capital)”.

El Señor Don Sarmiento falleció, a los 77 años en Asunción del Paraguay, el 11 de Septiembre de 1888. “Había sido periodista, escritor, militar y hasta Presidente de la República Argentina”.
Como puede apreciarse, el Señor Don Domingo Faustino Sarmiento, con sus aciertos y sus equivocaciones, fue un hombre innovador para su época, atento a todo lo que contribuyera a mejorar la condición de los argentinos, al punto de quedar en la Historia como un estadista comprometido, sobre todo con la educación, el progreso, la calidad de vida, la fortaleza de las instituciones, etc. Político que supo llevar a la práctica la palabra empeñada, símbolo de generaciones de docentes, que creen que un Pueblo educado es la base para la construcción de un futuro más libre, justo e igualitario.

Quienes apostamos a la educación popular, a la profesión y al futuro, estamos convencidos, y la Historia lo avala, que con la educación se crece y engrandece, pero se necesita de un esfuerzo de todos, partiendo del reconocimiento de nuestros pequeños Sarmientos (los docentes), que día a día luchan en la escuela, en la calle y en sus casas, por un futuro más equitativo, igualitario y mejor.