El delantero llega a la final del Mundial luego de disputar un torneo sin hacer goles. Olivier Giroud fue traspasado al Chelsea a comienzos de año. Proveniente del Arsenal, el francés desembarcaba en el club londinense con un promedio de gol cercano a uno cada dos partidos.

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Pero esa figura de delantero marcador, bombardero e incisivo no pudo ser repetida vistiendo la camiseta de la Selección francesa. Con un promedio actual levemente inferior que le dispone un tanto cada tres partidos, el nueve galo llegó a Rusia dispuesto a dar el batacazo. Pero en lo que va del torneo no ha podido ni patear una vez al arco. Es decir, ninguno de sus disparos se dirigió a los tres palos. Consecuentemente, el panorama de Giroud de cara a la final es escueto: 465 minutos sin siquiera marcar un gol.

Si bien es cierto que el atacante cumple la sucia tarea de presionar en las salidas, arrastrar marca y despedazar a la defensa rival, también es cierto que deja acéfala su principal tarea como nueve: dejar la pelota sobre la red. Incluso ante Bélgica, partido sumamente decisivo en el camino a la final, sus respuestas fueron pobres. Tras un impecable pase de taco de Mbappé, Giroud no pudo encontrar la comodidad y definió mal ante la salida de Courtois.

Como si fuera poco, sus números quedan en mayor evidencia si se lo compara con otros nueves que han cosechado grandes actuaciones en la cita mundialista. Romelu Lukaku, que todavía puede sumar en el cotejo por el tercer puesto, suma cuatro goles en cuatro partidos. Ninguno de ellos de penal. Harry Kane, el inglés que continúa en carrera, ya embolsó seis tantos desde su debut ante Túnez, encuentro en el que hizo el doblete necesario para llevar a los Tres Leones al debut con victoria.

En ese contexto, Giroud buscará revalidar su título de delantero y despejar las dudas que sobrevuelan su cabeza desde el colectivo francés. La ausencia de goles, la comparación con Benzema y la incapacidad de marcar en partidos decisivos ponen constantemente en duda a quien es elegido indudablemente seleccionado por Didier Dechamps. La final, aquel lugar donde viven y mueren los héroes, será el marco en el que buscará dar un giro sorpresivo, necesario -en lo personal- y fundamental para llevar a Francia a un nuevo título mundialista.